Prohibido mirar abajo: diseñan un circuito de obstáculos sobre la cresta de una montaña

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En lo alto de los Alpes Julianos, donde el silencio solo se quiebra por el viento y el crujir de la nieve, cuatro riders de élite se enfrentaron a uno de los desafíos más extremos del invierno europeo. A 2.050 metros de altitud, en el paso de Sella Nevea, al noreste de Italia, se construyó un circuito de obstáculos tallado directamente sobre la cresta de una montaña, un recorrido tan espectacular como intimidante.

La línea, de 350 metros de longitud, avanza sobre una arista afilada que en algunos tramos se reduce a apenas un metro de ancho, con caídas laterales de hasta 110 metros. No hay barandas, segundas oportunidades ni margen para errores. Cada movimiento exige precisión absoluta y un control mental tan afinado como la técnica sobre los esquíes o la tabla.

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Los protagonistas fueron Felix Georgii, Max Hitzig, Ian Matteoli y Fabian Bösch, quienes aceptaron el reto de descender un trazado compuesto por ocho módulos —saltos, rails y gaps— diseñados y moldeados a mano. El circuito fue construido aprovechando la topografía natural del terreno, buscando fluidez en las transiciones y recepciones seguras, aunque la exposición constante convierte cada obstáculo en una prueba de nervios.

“Aquí todo pasa por hacer los trucos de la forma más limpia posible; no hay lugar para aterrizajes forzados”, explicó Georgii tras completar varias bajadas. En este escenario, la fuerza o la velocidad no bastan: la concentración total es la única forma de avanzar.

Para Ian Matteoli, el mayor desafío fue psicológico. “Intenté mirar siempre al frente y no hacia abajo”, confesó el snowboarder italiano, consciente de que una distracción mínima puede romper el equilibrio. En un entorno así, la mente se convierte en el principal campo de batalla.

Uno de los momentos más impactantes del proyecto ocurrió cuando Georgii y Bösch descendieron en simultáneo, separados por apenas la distancia de un brazo. En ese tramo, la coordinación y la confianza mutua resultaron tan decisivas como la destreza individual. “Cuando estás dentro del recorrido, desaparece todo lo demás. Solo existe la línea”, resumió Bösch.

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El punto más delicado del circuito es un rail suspendido sobre un vacío de más de 100 metros, señalado por los propios riders como el tramo más crítico. “Es donde menos margen tenés para fallar”, admitió Matteoli, al describir el instante en el que el cuerpo y la mente deben funcionar como uno solo.

Más allá del impacto visual, el proyecto de Sella Nevea refleja una nueva etapa del freeski y el snowboard fuera de la competencia tradicional. Aquí no hay jueces ni cronómetros, sino creatividad, planificación extrema y gestión del riesgo, en un ejercicio de equilibrio donde la consigna es clara y literal: mirar abajo está prohibido.

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