La llamada Luna de Sangre es uno de los fenómenos astronómicos más impactantes y ocurre durante un eclipse lunar total, cuando la Tierra se interpone entre el Sol y la Luna, proyectando su sombra sobre el satélite natural. En ese momento, la Luna no desaparece del cielo, sino que adquiere un tono rojizo intenso que le da su nombre popular.
Este color se produce porque la atmósfera terrestre filtra la luz solar: los tonos azules se dispersan y los rojos atraviesan la atmósfera, se desvían y terminan iluminando la superficie lunar. Es el mismo efecto que provoca los atardeceres rojos, pero aplicado a escala planetaria.

El eclipse lunar total se desarrolla en varias etapas. Primero, la Luna entra parcialmente en la sombra de la Tierra. Luego llega la fase de totalidad, cuando queda completamente cubierta por la sombra terrestre y se tiñe de rojo oscuro o cobrizo. Finalmente, el proceso se revierte hasta que la Luna recupera su brillo habitual.
Desde Argentina, la Luna de Sangre podrá observarse a simple vista, siempre que las condiciones climáticas lo permitan. No se necesita ningún tipo de protección especial para los ojos, a diferencia de los eclipses solares. Sin embargo, el uso de binoculares o telescopios permite apreciar mejor los matices de color y los detalles de la superficie lunar.

Este fenómeno no solo atrae a astrónomos y aficionados, sino también a curiosos que buscan presenciar un evento poco frecuente y visualmente único. Más allá de mitos y creencias populares, la Luna de Sangre es una demostración espectacular de la mecánica celeste, donde el Sol, la Tierra y la Luna se alinean con una precisión asombrosa.






