Lo que empezó como un comentario técnico terminó convirtiéndose en una guerra pública entre millonarios. Luego de que Elon Musk insinuara que podría comprar Ryanair y pidiera directamente el despido de su CEO, Michael O’Leary, la aerolínea low cost respondió con ironía, sarcasmo y una estrategia de marketing que rápidamente se volvió viral.
El conflicto se desató durante una entrevista radial en la que O’Leary fue consultado sobre la posibilidad de instalar Starlink, el servicio de internet satelital de Musk, en los aviones de Ryanair, tal como ya hicieron Lufthansa y British Airways. La respuesta fue tajante: no. Según el CEO, agregar antenas generaría un “arrastre del 2%” en el consumo de combustible, lo que implicaría un gasto extra de entre 200 y 250 millones de dólares anuales, sobre una factura que ya ronda los 5.000 millones en queroseno.

Lejos de suavizar el tono, O’Leary calificó a Musk como un “idiota” y afirmó que sabe “menos sobre las reglas de propiedad de aerolíneas que sobre la aerodinámica de los aviones”. La reacción del magnate no tardó en llegar. Desde X (ex Twitter), Musk lo llamó “mal informado”, aseguró que no tiene idea de cómo vuelan los aviones y lanzó una provocación: “¿Debería comprar Ryanair y poner a alguien que realmente se llame Ryan al mando?”. Incluso acompañó el comentario con una encuesta que recibió un inesperado nivel de apoyo y volvió a insistir en que O’Leary debía ser despedido.
La respuesta de Ryanair no fue institucional ni diplomática, sino todo lo contrario. Su equipo de redes sociales publicó un post que explotó en X, anunciando una supuesta conferencia de prensa titulada: “El CEO de Ryanair abordará/desnudará la rabieta de Elon Musk en Twitter”. El mensaje seguía con burlas directas, juegos de palabras y una promoción ficticia que encendió las redes: una “Great Idiots Seat Sale”, con 100.000 pasajes a 16,99 euros, “especialmente para Elon y otros idiotas de X”.

La aerolínea incluso se permitió ironizar sobre una reciente caída de X en Estados Unidos con otro golpe directo: “¿Quizás necesitás WiFi, @elonmusk?”. La pelea, rápidamente bautizada por usuarios como la “batalla de los billonarios”, terminó trasladándose a una conferencia real, donde O’Leary aseguró no sentirse ofendido y recordó un punto clave: las leyes de la Unión Europea impiden que Musk tome el control mayoritario de Ryanair. “Puede comprar acciones, pero no la compañía”, remató con sorna.
Lejos de perjudicar al negocio, el CEO admitió que la polémica fue un regalo inesperado. Según O’Leary, las reservas de Ryanair aumentaron entre un 2% y un 3% en solo cinco días gracias a la exposición mediática. “Nos encantan estas peleas de relaciones públicas que impulsan las ventas”, reconoció sin rodeos.
Lo que queda claro es que, en este cruce, Ryanair jugó su carta favorita: convertir la provocación en publicidad gratuita. Mientras Musk sigue lanzando dardos desde las redes, la aerolínea celebra más ventas, más visibilidad y una lección clara: en el terreno del marketing irreverente, O’Leary no piensa ceder un centímetro.






