A partir de este año, subir al Monte Fuji ya no será tan sencillo. Las prefecturas de Shizuoka y Yamanashi, en Japón, han decidido implementar nuevas restricciones desde junio: se cobrará una cuota de 4 mil yenes (aproximadamente 27 dólares) y se limitará el acceso a solo 4 mil personas al día. Esta medida responde al creciente problema de la basura acumulada en la montaña en los últimos años.

Además, se ha registrado un aumento en los accidentes, especialmente entre quienes intentan ascender sin el equipo o la preparación adecuada. Para combatir esta situación, la prefectura de Shizuoka, que alberga tres de los cuatro senderos hacia la cima, ha añadido un nuevo requisito: un curso y un examen de seguridad. Los excursionistas deberán asistir a una clase donde se les instruirá sobre medidas básicas de seguridad, y posteriormente, deberán aprobar un examen sobre el tema.
Aunque en 2024 ya se había implementado un impuesto obligatorio para los que deseaban subir, las autoridades han decidido tomar medidas aún más estrictas. Ahora, el costo de la cuota se ha duplicado, y el dinero recaudado se destinará a la mitigación de daños ambientales, así como a la mejora de las condiciones de trabajo para los guardias y las instalaciones donde los alpinistas pueden descansar.

El aumento desmedido del turismo ha llevado a que no solo Japón, sino otros destinos afectados por el sobreturismo, adopten medidas para reducir el impacto de esta actividad económica tan compleja, pero vital.
Por su relevancia cultural, religiosa y artística, la Unesco designó al Monte Fuji como Patrimonio Cultural de la Humanidad en 2013.