Un hallazgo científico inesperado volvió a sacudir a la comunidad internacional: un enorme depósito de agua dulce fue identificado bajo el fondo del océano Atlántico, frente a la costa este de Estados Unidos. Las primeras estimaciones indican que esta reserva subterránea podría abastecer a una ciudad del tamaño de Nueva York durante unos 800 años, lo que la convierte en una de las mayores acumulaciones de agua dulce jamás detectadas en un entorno marino.
El descubrimiento fue confirmado por un equipo de investigadores que estudia desde hace décadas anomalías en la composición del subsuelo oceánico. Aunque su potencial es enorme, los científicos coinciden en que aún no es momento de explotarlo, sino de comprender cómo se formó y cómo se mantiene aislado del agua salada del mar.

Dónde está y qué tan grande es el reservorio
Según los datos preliminares, el depósito se extiende desde la costa de Nueva Jersey hasta el norte de Maine, oculto bajo cientos de metros de sedimentos marinos. Se trata de una gigantesca masa de agua dulce atrapada bajo el lecho oceánico, sellada naturalmente por capas de arcilla y limo que impiden que se mezcle con el agua salada.
La confirmación llegó tras una expedición científica de tres meses realizada frente a la costa de Massachusetts. Durante la misión, los investigadores perforaron hasta 400 metros por debajo del fondo marino y lograron extraer decenas de miles de litros de agua, comprobando que una parte significativa del reservorio mantiene niveles de salinidad compatibles con el consumo humano.
Un viaje de 20.000 años bajo el mar
Las pruebas químicas y físicas realizadas hasta ahora revelan que esta agua no es reciente. Todo indica que quedó atrapada hace unos 20.000 años, durante la última glaciación. En ese período, enormes capas de hielo cubrían el noreste de América del Norte y ejercían una presión suficiente como para empujar el agua de deshielo hacia el subsuelo.
Con el retroceso de los glaciares y el aumento del nivel del mar, esa agua quedó confinada bajo capas de sedimentos. Los científicos también consideran que la lluvia pudo haber contribuido parcialmente a la formación del reservorio, aunque descartan que provenga de infiltraciones desde montañas cercanas, ya que la geografía de la región no lo permitiría.
Cómo se detectó lo que estaba oculto

Si bien el descubrimiento se confirmó recientemente, no es del todo nuevo. Ya en las décadas de 1960 y 1970 se habían detectado indicios de agua dulce bajo el océano durante estudios geológicos. Sin embargo, el tema quedó en pausa durante años, hasta que registros antiguos fueron reanalizados y dieron pie a nuevas hipótesis.
La tecnología actual permitió finalmente comprobar su existencia con precisión, gracias a perforaciones profundas, análisis de salinidad, estudios isotópicos y mediciones de gases atrapados en los sedimentos.
¿Puede usarse como recurso hídrico?
Por ahora, la respuesta es cautelosa. Los propios investigadores remarcan que el objetivo no es extraer el agua, sino entender el sistema. El equipo continúa analizando muestras para determinar con mayor exactitud el tamaño total del depósito, la porosidad de los sedimentos, la edad de las capas geológicas y la presencia de microorganismos.
En un mundo donde la escasez de agua dulce es una preocupación creciente, este hallazgo abre nuevas preguntas. Comprender cómo se formó y se conservó este reservorio podría ser clave para futuras estrategias de gestión del agua, evitando decisiones apresuradas que comprometan un recurso tan valioso.
El descubrimiento no solo redefine lo que se sabe sobre el subsuelo oceánico, sino que también deja en claro que debajo del mar aún se esconden secretos capaces de cambiar nuestra relación con el agua en el planeta.






