Un “efecto” del Sol podría anticipar uno de los mejores momentos del año para ver auroras boreales

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Las auroras boreales, uno de los espectáculos naturales más impresionantes del planeta, podrían verse con mayor intensidad durante los próximos días de marzo gracias a la coincidencia de dos fenómenos astronómicos clave. Científicos señalan que la actual alta actividad solar y un efecto vinculado al equinoccio aumentan las probabilidades de observar estos destellos de luz en el cielo nocturno.

Las auroras se producen cuando partículas cargadas del viento solar chocan con la atmósfera terrestre. Este proceso genera cortinas de luz verde, violeta o rojiza que se desplazan por el cielo, especialmente cerca de los polos. Por esa razón, destinos como Islandia o Alaska son considerados algunos de los mejores lugares del mundo para presenciarlas.

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northern lights at the beach, looking at aurora,

Normalmente, las auroras aparecen en latitudes superiores a los 60 o 70 grados norte, pero cuando las tormentas solares son especialmente intensas pueden observarse mucho más al sur. De hecho, recientemente se registraron auroras visibles incluso desde España, algo poco habitual que sorprendió a fotógrafos y aficionados a la astronomía.

Según el astrofísico Josep M. Trigo, actualmente el Sol se encuentra en uno de los momentos más activos de su ciclo, lo que incrementa las posibilidades de tormentas solares. El Sol atraviesa ciclos de actividad de aproximadamente 11 años, y los científicos consideran que el período más intenso de este ciclo se está produciendo entre 2025 y comienzos de 2026, antes de que la actividad disminuya nuevamente hacia mediados de año.

A esta situación se suma un fenómeno conocido como el efecto Russell-McPherron, descubierto en 1973 por los científicos Christopher Russell y Robert McPherron. Este efecto explica por qué los picos de actividad geomagnética suelen coincidir con los meses cercanos a los equinoccios.

El Equinoccio de marzo, que ocurre alrededor del 20 de marzo, marca el momento en que el Sol se sitúa sobre el ecuador terrestre, dando inicio a la primavera en el hemisferio norte. Durante este período, la orientación del campo magnético de la Tierra facilita que el viento solar interactúe con mayor intensidad con la magnetosfera del planeta.

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En términos simples, la puerta magnética de la Tierra se abre un poco más, permitiendo que más partículas solares ingresen y desencadenen tormentas geomagnéticas capaces de producir auroras más visibles.

Para los aficionados a la astronomía, estas condiciones convierten a marzo en uno de los momentos más prometedores del año para observar auroras boreales, especialmente en regiones cercanas al Ártico. Si las tormentas solares alcanzan suficiente intensidad, incluso podrían volver a verse desde latitudes más bajas, como ocurrió recientemente en varias regiones de Europa.

Así, la combinación entre un Sol particularmente activo y el efecto del equinoccio podría regalar en las próximas semanas algunos de los cielos más espectaculares del año para quienes miren hacia el norte en busca de estas luces mágicas.

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