Un insecto del Amazonas hizo historia y se convirtió en el primero del mundo con derechos

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El Amazonas volvió a marcar un antes y un después en la protección de la naturaleza. En un fallo histórico, las abejas sin aguijón —insectos nativos de esta región— fueron reconocidas como sujetos de derecho, convirtiéndose en el primer insecto del mundo en contar con derechos legales propios. La decisión se aplicó en distintas regiones amazónicas de Perú y ya despierta interés a nivel internacional.

El reconocimiento implica que estas abejas tienen derecho a existir, a mantener poblaciones saludables y a habitar entornos libres de contaminación, un avance sin precedentes en el vínculo entre el derecho ambiental y la biodiversidad.

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Este paso fue posible gracias a una ley nacional sancionada en 2024, que declaró a las abejas sin aguijón como especies nativas del país. A partir de esa base legal, varios municipios amazónicos avanzaron con normativas locales que ampliaron su protección y sentaron las bases para este fallo inédito.

Las abejas sin aguijón cumplen un rol vital en el equilibrio del Amazonas. Son polinizadoras primarias de los ecosistemas tropicales y participan en la reproducción de más del 80 % de la flora amazónica. En el mundo existen cerca de 500 especies, y casi la mitad habita en esta región. Su desaparición tendría un impacto directo y profundo en la regeneración natural del bosque.

Además de su valor ecológico, estas abejas poseen un fuerte significado cultural. Para pueblos originarios como los Asháninka y los Kukama-Kukamiria, forman parte del entramado ancestral del territorio y de prácticas tradicionales transmitidas de generación en generación.

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El fallo no se queda en lo simbólico. A partir de ahora, las autoridades están obligadas a restaurar hábitats, reforestar zonas degradadas, limitar el uso de pesticidas que afecten a los polinizadores y aplicar el principio de precaución frente a actividades extractivas. También se habilita el acceso a financiamiento y a investigación científica específica para su conservación.

Esta decisión podría convertirse en un precedente global. El reconocimiento de derechos a un insecto abre un nuevo camino en la protección legal de la naturaleza y plantea una pregunta cada vez más urgente: si un ecosistema es clave para la vida en el planeta, ¿no debería también tener derechos que lo protejan?

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