Un oso de 225 kilos vivió 37 días debajo de una casa y convirtió la vida de su dueño en una pesadilla

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Redactora
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Durante más de un mes, Ken Johnson vivió con miedo, deudas y sin saber cómo salir de una situación tan insólita como peligrosa: un oso de 225 kilos se había instalado debajo de su casa, en Altadena, al sur de California, y no había forma de sacarlo.

Todo comenzó el 30 de noviembre de 2024, cuando el animal ingresó por una pequeña abertura conocida como crawl space, el espacio bajo las viviendas donde se concentran tuberías, cableado y sistemas de calefacción. Desde allí, el oso se movía a diario, generando ruidos constantes y provocando daños estructurales graves, incluidos conductos de gas. A días de Navidad, Johnson se vio obligado a cortar todos los servicios para evitar una tragedia.

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La situación personal del dueño agravó el calvario. Sobreviviente de un incendio reciente y desempleado, recurrió a una campaña en GoFundMe, donde explicó que los destrozos ascendían a decenas de miles de dólares y que no podía afrontar los costos de trampas, reparaciones y seguridad. “Jamás imaginé algo así”, escribió, acompañado de videos que mostraban al oso retorciéndose entre las cañerías.

El Departamento de Pesca y Vida Silvestre de California intentó desalojar al animal durante semanas. Primero usaron sprays perfumados, luego una trampa gigante cargada con sardinas, pollo frito, camarones, mantequilla de maní y manzanas. El plan fracasó: la trampa capturó a otro oso, mientras el verdadero ocupante seguía cómodamente instalado bajo la casa. El caso quedó en pausa.

La solución llegó de la mano de Bear League, una organización sin fines de lucro especializada en emergencias hogareñas con osos. Dos voluntarios, Scott y Dave, viajaron al lugar y ejecutaron un operativo tan arriesgado como efectivo. Uno de ellos se arrastró debajo de la vivienda, sabiendo que el oso seguía allí, para empujarlo hacia la salida.

Cuando el animal finalmente salió, fue ahuyentado con bolas de pintura rellenas de aceite vegetal, una técnica segura que lo incomodó lo suficiente como para que abandonara el lugar. Según Ann Bryant, fundadora de Bear League, todo el procedimiento duró apenas 20 minutos, después de 37 días de terror.

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Para evitar que regresara, sellaron el acceso con madera contrachapada y sacos de arena, y colocaron una alfombra eléctrica que emite una leve descarga al ser pisada. Al día siguiente, el oso volvió, recibió la descarga y se fue de inmediato.

Si vivís en zona de osos, asegurar tu casa es fundamental”, advirtió Bryant, quien explicó que en esta época del año realizan entre seis y ocho extracciones diarias, la mayoría de animales refugiados bajo viviendas.

El huésped inesperado finalmente se fue. Para Ken Johnson, quedó el alivio… y una historia que parece de película, pero fue demasiado real.

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