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5 razones para visitar Mendoza durante el próximo invierno en Argentina

Todos los años gran parte del turismo interno en Argentina aprovecha sus vacaciones de invierno para recorrer los paisajes más deslumbrantes en un territorio versátil y con alternativas para todos los gustos. Al mismo tiempo, la época que comprende los meses de julio y agosto espera la llegada de gran cantidad de turistas internacionales que, además de reconocer otros grandes destinos del país, se inclinan por puntos turísticos en los que puedan disfrutar del fenómeno de la nieve y los centros de esquí.

Mendoza suele ser uno de los lugares elegidos para apreciar y admirar la combinación de atractivos dentro de una misma provincia: la precordillera, la nieve, el Cerro Aconcagua, el vino, los rastros aborígenes, y mucho más.

La ciudad de Mendoza se encuentra en el oeste de Argentina, a una distancia de alrededor de mil kilómetros de Buenos Aires. Es la capital de la provincia, también bautizada con el mismo nombre -Mendoza-, que se aprecia sobre la llanura al este de la Cordillera de los Andes.

Aquí tienes 5 razones para abrir los ojos, mirar y explorar Mendoza:

Sol durante casi todo el año

La característica que más distingue a Mendoza es que al situarse en el centro oeste de Argentina -y al igual que otras zonas que también integran la región- posee un clima agradable y de un sol brillante durante gran parte del año. Si bien puede llegar a disponer de precipitaciones, no es una constante como sí lo es la presencia de sol. La cantidad de precipitaciones que recibe la provincia equivale a unos 30 y 40 días de lluvia durante todo el año, por lo que difícilmente aquí la lluvia arruine los planes de descanso.

Por esta razón a Mendoza se la reconoce como la tierra del sol y el buen vino. La imponente producción y elaboración vitivinícola resalta casi de la misma forma que sus aptas condiciones climáticas.

Nieve y montaña

Si bien las propias ciudades de Mendoza se encuentran a una altura de 700 metros sobre el nivel del mar, la nieve no suele tener gran presencia sobre ellas. No así se observa en el piedemonte y las montañas que dan forma a la precordillera, donde en épocas donde la temperatura comienza a ser más baja -en otoño e invierno durante los meses como entre mayo y agosto- esta zona recibe abundantes nevadas.

Durante el invierno, se luce especialmente agradable para quienes llegan en busca del atractivo de la nieve con sus famosos centros de esquí y parques aptos para todo público. Además, resulta imperdible la visita al Parque Provincial Aconcagua, que adquiere su nombre gracias al impactante Cerro Aconcagua que allí se conserva a una altura de unos aproximados 6.000 metros sobre el nivel del mar. A partir de la presencia de este imponente pico, esta zona recibe el nombre de “techo de América”. Para los fanáticos del frío, los muñecos de nieve y la creación de huellas como angelitos, esta temporada de invierno en Argentina se convierte en una gran alternativa para visitar Mendoza y apreciar los paisajes de la zona.

El vino mendocino: emblema en el mundo

Argentina se ha posicionado en el mundo como un líder en el mercado en cuanto a producción y comercialización de vinos. La industria vitivinicultora es considerada aquí como un emblema a nivel mundial, marcando la diferencia a partir de las clasificaciones en cuanto a volumen en la cosecha, calidad en la producción y exportaciones a mercados internacionales.

Todo el mérito es gracias a Mendoza, la principal provincia vitivinícola del país donde podrás encontrar las bodegas que nuclean un aproximado 70% de la elaboración de los vinos con etiquetas nacionales. Cuenta la historia que años antes de que la filoxera atacara los viñedos más importantes de Francia y destruyera su industria vitivinícola, a Argentina había arribado un agrónomo francés para desarrollar el cultivo de uvas en el país. Tal es así que, acompañada con unas condiciones climáticas ideales para la producción de vinos, Argentina terminó por convertirse en el único país donde se encuentra Malbec elaborado con cepas originales de Francia.

Ha adquirido tal importancia para la provincia -y por supuesto también para el país- que la experiencia que se crea alrededor de su historia se ha transformado con el tiempo en un atractivo turístico por sí mismo. Tal es así que, por ejemplo, muchas bodegas mendocinas reciben a los visitantes nacionales y turistas internacionales con recorridos por los viñedos y paseos dentro de la fábrica para observar el proceso que vive la uva desde que se cosecha hasta su fermentación. Y así hasta luego completarse con el embotellado y el armado del packaging para que posteriormente sea comercializado en la góndola de vinotecas y/o supermercados.

Además, en estas fábricas encontrarás que el trayecto finaliza con una degustación de variados tipos de vinos y si quieres más podrás compartir un almuerzo gracias a la incorporación de lujosa gastronomía. Si visitas la provincia de Mendoza y eres simpatizante del vino, este recorrido será infaltable en tu lista de cosas para hacer: puedes disfrutarlo por un valor aproximado desde ARS$3600 (US$80).

Profundas y oscuras: cuevas y minas en Mendoza

En la localidad de Uspallata, situada a unos 120 kilómetros de Mendoza capital, puedes encontrar las Minas de Paramillo para realizar aquí un recorrido por antiguas edificaciones de una zona minera, conociendo sus historias y leyendas. El paseo consiste en caminar por las galerías de la mina, donde junto a los demás participantes de la actividad podrás contemplar los diversos minerales que conforman las minas y los elementos que han sido utilizados durante los trabajos de explotación dentro de la misma. Acompañado de un guía profesional, durante alrededor de 1 hora y 30 minutos irás siendo guiado en el trayecto mientras escuchas los relatos sobre las características del escenario que te rodea.

En la localidad de Malargüe, a unos kilómetros de Mendoza, encuentras otro escenario de profundidad cuyos orígenes ancestrales han visto acumular en el lugar la presencia de rastros fósiles. Así es como tomó forma la reserva natural conocida como la Caverna de las Brujas. La acumulación de rocas de origen marino y restos de fósiles como los moluscos más la acción del agua erosionando sobre estos materiales convirtió galerías profundas y subterráneas. Con el tiempo, según cuenta la leyenda, estas galerías serían usadas como refugios y espacios sagrados para las comunidades aborígenes de la zona, razón por la cual se las nombró como la “Caverna de las Brujas”.

Más rastros de presencia aborigen

Al noroesete de la provincia de Mendoza, en el departamento Las Heras y sobre el río Las Cuevas encontrarás el Puente del Inca, una formación rocosa que dio forma a un puente natural. Antiguamente, este espacio funcionaba como un hotel de baños termales, razón por la cual significaba un punto turístico bastante importante en la zona. Actualmente considerado un Área Natural protegida por la provincia.

Esta formación posee 48 metros de longitud, 28 metros de ancho y 8 metros de espesor. El fenómeno se produjo por la erosión hídrica del río Las Cuevas que creó un pasaje a través de las morenas (sedimentos por el retroceso de glaciares) depositados en el valle con forma de artesa (“U”). Las aguas minero-termales depositaron luego en la zona como una carcasa ferruginosa, que le adjudicó colores cálidos entre los que se distinguen amarillos, naranjas y ocres.

Además de la Caverna de las Brujas, en el departamento de Malargüe se destaca la presencia del Pozo de las Ánimas, una composición geológica tan asombrosa como dramática por la historia que supo marcar su porvenir.

Según la leyenda contada por los lugareños, muchísimos años atrás en la zona de Malargüe vivían dos tribus que solían tener enfrentamientos entre sí por luchas de poder y mandatos por sobre la región. Una noche resultó conflictiva entre ambas, y una de las tribus decide abandonar el lugar huyendo para evitar la derrota. Frente a esta escena, la tribu contraria decidió perseguirlos, y siguieron tras sus pasos hasta que escucharon ruidos de derrumbe. Como observar de noche les resultaba un tanto complejo, emprendieron el regreso a sus tolderías para dejar pasar la noche y a primera hora de la mañana continuar la persecución.

Y así fue como al otro día se despertaron con ruidos de lamento. Al querer acercarse a los sonidos, encontraron que los integrantes que querían escapar terminaron caídos en un gran pozo y que, las quejas que escuchaban no eran más que los malestares físicos que sentían posterior al impacto.

El bautismo con el nombre del Pozo de las Ánimas se debe a que debido al viento característico de la zona, en este espacio de 70 metros de profundidad es posible escuchar una sensación de zumbido en esta formación, casi como un sonido de lamento y aullido.

Escrito por Agustina Fontirroig

Me apasiona contar historias: soy fan de las palabras, las imágenes y la combinación de ambas. De Argentina al mundo como @agusfontirroig 📸

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