El cielo nocturno de varias regiones de Rusia se transformó en un escenario casi irreal cuando gigantescas columnas de luz comenzaron a elevarse hacia lo alto, como si la ciudad estuviera atravesada por haces luminosos que apuntaban directo al espacio. Las imágenes, rápidamente viralizadas, parecían sacadas de una película de ciencia ficción.
Este fenómeno poco común se conoce como pilares de luz y ocurre únicamente bajo condiciones climáticas extremas. La clave está en una finísima capa de cristales de hielo suspendidos en el aire, conocida como “polvo de diamante”. Estos diminutos cristales se forman cuando las temperaturas descienden a niveles muy bajos, típicos del invierno ruso.

Cuando la luz artificial —proveniente de faroles, edificios o vehículos— atraviesa esta nube de microcristales, se refleja de manera vertical, creando la ilusión óptica de columnas luminosas perfectamente definidas que parecen surgir desde el suelo y perderse en el cielo oscuro.
Aunque su apariencia es espectacular, no se trata de nada sobrenatural ni peligroso. Es un fenómeno atmosférico totalmente natural, similar a los halos solares o lunares, pero mucho menos frecuente y mucho más impactante visualmente. Su aparición suele durar apenas unos minutos u horas, hasta que cambian las condiciones del aire.
Para quienes tuvieron la suerte de presenciarlo en vivo, la escena fue inolvidable: una ciudad congelada bajo el frío extremo, atravesada por haces de luz que parecían sostener el cielo. Un recordatorio de que, incluso en los climas más hostiles, la naturaleza todavía puede sorprender con postales de una belleza inquietante.







