Un documento milenario conservado en el Museo Británico volvió a encender uno de los debates más fascinantes de la arqueología y la historia antigua: ¿existieron realmente personas gigantes en el pasado? El texto en cuestión es el Papyrus Anastasi I, un manuscrito egipcio que algunos especialistas consideran una posible clave para reinterpretar antiguos relatos bíblicos.
El papiro data de la Dinastía XIX de Egipto, en el siglo XIII a.C., y contiene una carta escrita por el escriba Hori. En ella se describe un peligroso encuentro en un desfiladero de Canaán con los llamados guerreros Shasu, un pueblo nómada del Levante. Según el relato, algunos de estos hombres medían entre cuatro y cinco codos egipcios, lo que equivaldría a estaturas de entre 2,03 y 2,59 metros, un tamaño excepcional incluso para los estándares actuales.

Esta descripción despertó el interés de investigadores que la vinculan con los Nephilim, los misteriosos gigantes mencionados en el Génesis, descritos como “héroes de la antigüedad” nacidos de la unión entre los “hijos de Dios” y las “hijas de los hombres”. Para algunos especialistas, el papiro podría representar una referencia histórica indirecta a estos seres legendarios.
Las similitudes no se detienen allí. Otros textos del Antiguo Testamento hablan de razas de gigantes como los Refaim, entre los que se destaca Og, rey de Basán, descrito como un gobernante de tamaño extraordinario. Tablas cananeas halladas en Ugarit mencionan figuras que gobernaban en las mismas regiones asociadas bíblicamente a estos gigantes, reforzando las coincidencias geográficas.
El debate también se apoya en representaciones egipcias, como los relieves de la época de Ramsés II, donde aparecen espías Shasu capturados con un tamaño notablemente mayor al habitual. A diferencia de las imágenes que exageraban el tamaño de los faraones por motivos simbólicos, estas figuras son consideradas por algunos expertos como más realistas.

Además, antiguos textos egipcios conocidos como Textos de Ejecución mencionan a los “Iy Aneq”, un grupo descrito como de gran estatura y que algunos identifican con los Anakim bíblicos, quienes afirmaban sentirse “como saltamontes” frente a esos gigantes. Curiosamente, estas referencias desaparecen del registro arqueológico hacia el inicio de la Edad del Hierro, en paralelo al fin de las menciones bíblicas sobre ellos.
La Biblia está repleta de relatos similares, como el famoso enfrentamiento entre David y Goliat, donde el guerrero filisteo es descrito con más de 2,70 metros de altura, así como otros combatientes de tamaño fuera de lo común.
Sin embargo, no todos los especialistas están convencidos. Una postura más escéptica sostiene que estas descripciones podrían ser exageraciones retóricas, utilizadas para infundir temor o engrandecer victorias militares, una práctica habitual en los textos antiguos.
Aun así, la coincidencia entre papiros egipcios, relieves, tablillas cananeas y relatos bíblicos en una misma región y período histórico sigue alimentando el misterio. El Papyrus Anastasi I no ofrece una respuesta definitiva, pero sí volvió a poner sobre la mesa una pregunta que atraviesa siglos: ¿mito, exageración… o un capítulo olvidado de la historia humana?







