Los Países Bajos hicieron historia: se convirtieron en el primer país del mundo sin perros callejeros

ARCHIVO - Las distracciones y las correas demasiado largas pueden convertirse en una combinación peligrosa a la hora de pasear al perro, especialmente en lugares concurridos. Foto: Christin Klose/dpa
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Lo que para muchos países sigue siendo un problema estructural, para los Países Bajos ya es parte del pasado. Tras décadas de políticas públicas sostenidas, el país europeo logró algo inédito a nivel global: erradicar prácticamente por completo la presencia de perros callejeros. No fue magia ni una solución rápida, sino una combinación firme de leyes, educación y bienestar animal.

El punto de partida fue claro y contundente: prohibir el abandono de mascotas. En los Países Bajos, dejar a un perro a su suerte no es una falta menor, sino un delito grave. Las sanciones pueden alcanzar multas de hasta 16.000 euros e incluso penas de prisión en casos de maltrato animal, lo que envía un mensaje inequívoco: tener una mascota implica una responsabilidad legal y moral.

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A esta medida se sumó un sistema obligatorio de registro e identificación de animales, que permite rastrear a los dueños y evitar abandonos anónimos. Cada perro está asociado a una persona responsable, lo que reduce drásticamente la impunidad y facilita los controles.

Pero la estrategia no se quedó en el castigo. El gobierno impulsó campañas masivas de esterilización, muchas de ellas gratuitas o fuertemente subsidiadas, para frenar la reproducción descontrolada. Esta política fue clave para evitar que el problema se regenere con el paso del tiempo.

En paralelo, se desarrollaron programas eficientes de recogida, refugio y adopción, priorizando el bienestar de los animales. En lugar de sacrificar perros sin hogar, se promovió su recuperación, socialización y posterior adopción responsable. Con el tiempo, la población de perros sin dueño se redujo hasta volverse prácticamente inexistente.

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ARCHIVO – Las distracciones y las correas demasiado largas pueden convertirse en una combinación peligrosa a la hora de pasear al perro, especialmente en lugares concurridos. Foto: Christin Klose/dpa

El cambio también fue cultural. A través de campañas de concientización, educación desde edades tempranas y una fuerte presencia del tema en la agenda pública, la sociedad incorporó la idea de que los animales no son objetos descartables, sino seres que requieren cuidado y compromiso a largo plazo.

Hoy, caminar por las ciudades y pueblos neerlandeses sin ver perros abandonados es el resultado visible de una política constante y coherente. El caso de los Países Bajos demuestra que el bienestar animal no depende solo de buenas intenciones, sino de decisiones firmes, leyes claras y una ciudadanía involucrada.

Más que una excepción, el modelo neerlandés se convirtió en un ejemplo para el resto del mundo, mostrando que erradicar el abandono animal no solo es posible, sino que es el reflejo de una sociedad que decidió hacerse cargo de sus responsabilidades.

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