Entre los destinos europeos que todavía escapan al turismo masivo, Rumanía se consolida como una de las opciones más atractivas para quienes buscan viajar barato sin resignar historia, paisajes ni experiencias únicas. Con precios muy por debajo de la media europea, una enorme riqueza cultural y escenarios que parecen salidos de un cuento medieval, este país balcánico sorprende incluso a los viajeros más experimentados.
Uno de sus grandes encantos es la diversidad concentrada en distancias cortas. En un territorio que ronda la mitad del tamaño de España conviven ciudades medievales perfectamente conservadas, castillos legendarios, monasterios ortodoxos y pueblos detenidos en el tiempo, además de 12 sitios declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Desde 2024, además, Rumanía forma parte del espacio Schengen, lo que facilitó aún más los viajes desde otros puntos de Europa.
La mayoría de los recorridos comienzan en Bucarest, una capital tan contradictoria como fascinante. Grandes avenidas, edificios de inspiración francesa y las huellas del pasado comunista conviven con un casco histórico vibrante y precios accesibles. Su ícono es el Palacio del Parlamento, uno de los edificios administrativos más grandes del mundo, pero también destacan sus museos, su vida cultural y un sistema de transporte público eficiente y económico, ideal para moverse sin gastar de más.

Muy cerca de la capital, en Sinaia, aparece uno de los grandes tesoros del país: el castillo de Peleș. Construido a finales del siglo XIX como residencia de verano de la familia real, es considerado uno de los palacios más espectaculares de Europa del Este. Rodeado de bosques en plena cordillera de los Cárpatos, combina lujo, arquitectura neorrenacentista y un entorno natural que lo convierte en una de las excursiones imperdibles del país.
El corazón turístico de Rumanía, sin embargo, late en Transilvania. Esta región concentra algunas de las ciudades medievales más bellas del país, como Brașov, Sibiu y Sighișoara. Esta última, Patrimonio de la Humanidad, es conocida por ser el lugar de nacimiento de Vlad Țepeș, el príncipe del siglo XV cuya figura histórica dio origen a la leyenda de Drácula. Calles empedradas, murallas, torres defensivas y plazas intactas transportan al visitante a otra época.
Transilvania también alberga algunos de los castillos más famosos de Rumanía. El más conocido es el castillo de Bran, asociado popularmente al mito de Drácula, aunque su relación histórica con Vlad Țepeș es mínima. A su alrededor se suman la fortaleza de Râșnov, construida en el siglo XIII, y el imponente castillo de Corvin, uno de los mejores ejemplos de arquitectura medieval del país y una de las postales más impactantes de Europa del Este.

Más allá de Transilvania, el país ofrece una riqueza patrimonial sorprendente. Las iglesias fortificadas sajonas, las iglesias de madera de Maramureș, los monasterios pintados de Bucovina —con frescos exteriores únicos en el continente— y el delta del Danubio, uno de los ecosistemas mejor conservados de Europa, refuerzan la idea de que Rumanía es un destino ideal para combinar historia, naturaleza y cultura.
A todo esto se suma uno de sus grandes secretos mejor guardados: los precios. El bajo costo de vida permite encontrar alojamiento desde unos 15 euros por noche y disfrutar de una comida completa por menos de 15 euros en restaurantes locales. La moneda es el leu, no el euro, lo que suele jugar a favor del viajero extranjero.
La primavera y el otoño son las mejores épocas para recorrer el país, con temperaturas agradables y menos turistas, aunque incluso en verano sigue siendo más accesible que otros destinos europeos. Seguro, diverso y todavía poco explorado, Rumanía se perfila como uno de esos lugares que sorprenden, enamoran y demuestran que viajar por Europa no tiene por qué ser caro.







