La presencia de sargazo en el Caribe mexicano podría alcanzar niveles históricos en 2026, según proyecciones de especialistas y reportes oficiales. El fenómeno, impulsado por cambios en las corrientes oceánicas y factores ambientales, ya encendió las alarmas en los principales destinos turísticos de Quintana Roo, donde las autoridades mantienen operativos de contención y recolección de manera permanente.

A fines de enero, la Secretaría de Marina informó la recolección de más de 178 toneladas de sargazo en distintos puntos del estado. Playas como Cancún, Playa del Carmen, Tulum y Cozumel registran arribos constantes de esta macroalga, lo que obligó a reforzar la Estrategia de Atención al Sargazo, coordinada entre el gobierno estatal, la SEMARNAT y organismos federales.
El despliegue incluye buques oceánicos y costeros, sargaceras anfibias, embarcaciones menores de apoyo y kilómetros de barreras de contención, que se retiran y recolocan según las condiciones climáticas. Estas acciones buscan frenar el avance del alga antes de que llegue a la costa, donde su acumulación genera impactos ambientales, sanitarios y económicos.

Más allá del efecto visual en las playas, el sargazo provoca la reducción del oxígeno en el agua, afecta arrecifes de coral y praderas marinas y, al descomponerse, libera sulfuro de hidrógeno, un gas asociado a malos olores y molestias respiratorias. El impacto también golpea al turismo, principal motor económico de la región, debido a los altos costos de limpieza y a la posible caída en las reservas.
El problema tiene su origen en el Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico, una gigantesca franja de algas que se extiende desde África hasta el Caribe. Imágenes satelitales registradas en 2025 detectaron una biomasa récord de 38 millones de toneladas, la mayor desde que se monitorea el fenómeno, lo que refuerza las previsiones de un 2026 especialmente crítico.
Frente a este escenario, la colaboración científica, institucional y social resulta clave. El monitoreo satelital, las reuniones técnicas y la coordinación entre organismos buscan anticipar los arribos y mitigar los efectos de una crisis ambiental que amenaza con marcar un nuevo récord y poner a prueba, una vez más, la resiliencia del Caribe mexicano.







