Una tribu amazónica se salvó de la extinción con solo tres mujeres y ningún hombre

La2lx5fLZ_1200x630__1
Redactora
¡Valora esto!

Durante años, el futuro del pueblo akuntsu pareció sentenciado. Tras décadas de violencia y expulsiones en la Amazonía brasileña, solo quedaban tres sobrevivientes: Pugapia y sus hijas Aiga y Babawru. Sin hombres en la comunidad y con una población reducida a un mínimo extremo, antropólogos y funcionarios temían que la etnia desapareciera con ellas.

Pero en diciembre ocurrió lo inesperado: Babawru, la menor de las tres —de alrededor de 40 años— dio a luz a un niño, Akyp. Su nacimiento no solo reavivó la continuidad del linaje akuntsu, sino que también reforzó la importancia de proteger los territorios indígenas en la selva amazónica.

“Este niño no es solo un símbolo de la resistencia del pueblo akuntsu, sino también una fuente de esperanza para los pueblos indígenas”, afirmó Joenia Wapichana, presidenta de la Fundação Nacional dos Povos Indígenas (Funai). “Representa lo extremadamente necesario que es el reconocimiento, la protección y la gestión de esta tierra”.

Una isla de bosque en medio de la deforestación

Los akuntsu viven en el estado de Rondônia, una de las regiones más afectadas por la deforestación. Allí se ha talado cerca del 40% del bosque nativo, impulsado por políticas de ocupación territorial durante el régimen militar brasileño en los años 70 y por programas de infraestructura que promovieron la migración hacia la Amazonía.

image 102630925 mediaitem51038172.jpg

En los años 80, la población del estado se duplicó. Colonos recibían títulos de propiedad si despejaban tierras para agricultura y ganadería, lo que desató ataques violentos contra comunidades indígenas cuyos territorios obstaculizaban esas reclamaciones. Entre ellas, los akuntsu.

El primer contacto oficial con el grupo se produjo en 1995, cuando la Funai halló a siete sobrevivientes. Una década antes habían sido unos veinte, según estimaciones. Algunos aún presentaban heridas de bala y relataron ataques perpetrados por ganaderos.

El último hombre akuntsu murió en 2017. Desde entonces, las tres mujeres vivían prácticamente aisladas en la Tierra Indígena Rio Omerê, creada en 2006 para proteger su territorio y que comparten con el pueblo kanoe, antiguos rivales con quienes mantienen una relación compleja pero cooperativa.

En imágenes satelitales, su tierra aparece como una isla verde rodeada de pastizales para ganado y cultivos de soja y maíz.

Una decisión marcada por el trauma

Las sobrevivientes habían decidido no tener hijos. No solo por la ausencia de hombres de su propia etnia, sino por la convicción de que su mundo estaba desestructurado tras el genocidio sufrido.

“Se puede rastrear esta decisión directamente hasta el contexto violento que vivieron”, explicó Amanda Villa, antropóloga del Observatorio de Pueblos Aislados. “Había una comprensión casi catastrófica del futuro”.

Para los akuntsu, ciertas funciones —como la caza y el chamanismo— son responsabilidades masculinas que deben transmitirse de generación en generación. Sin hombres, traer un niño al mundo parecía inviable.

Sin embargo, el año pasado Babawru quedó embarazada de un hombre kanoe. La lingüista Carolina Aragon, quien durante años documentó la lengua akuntsu y es la única persona ajena capaz de comunicarse fluidamente con las tres mujeres, acompañó el proceso a distancia junto con la Funai.

Cuando un ultrasonido confirmó el embarazo, Babawru quedó atónita. Según relató Aragon, preguntó sorprendida cómo era posible, ya que siempre había tomado precauciones para evitarlo.

El bebé nació sano. Y es varón.

image La2lx5fLZ 1200x630 1 1

Un nuevo capítulo

El hecho de que Akyp sea niño abre la posibilidad de restaurar roles culturales masculinos dentro del grupo, aunque su crianza implicará adaptaciones y cooperación con los kanoe. La Funai también facilitó apoyo espiritual de un chamán aliado para que las mujeres se sintieran seguras al recibir nueva vida tras décadas de miedo y pérdidas.

Durante años, investigadores y funcionarios entendieron que la protección del territorio akuntsu dependía en gran medida de la supervivencia del propio pueblo. El antecedente de Tanaru —un indígena que vivió solo durante décadas y cuyo territorio fue disputado tras su muerte en 2022— reforzó esa preocupación.

Ahora, la situación es distinta.

“El hijo de Babawru es la esperanza de que esta próxima generación incluya efectivamente a una persona indígena, un akuntsu, garantizando la continuidad de este pueblo”, sostuvo Wapichana.

Los akuntsu mantienen una profunda relación espiritual con el bosque y con las aves que lo habitan. Tras años de violencia, aislamiento y duelo, ese vínculo se fortalece hoy con una nueva vida.

“¿Qué tipo de relación tendrá este niño con su propio territorio?”, se preguntó Aragon. “Espero que sea la mejor posible, porque allí tiene todo lo que necesita”.

Lo que parecía el final de una historia es, inesperadamente, el comienzo de otra.

¡Valora esto!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *