El hombre que vive con 400 tortugas en su jardín: “Las saludo una por una mirándolas a los ojos”

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En la ciudad de Treviso, el ex banquero Renato Gobbetto cambió las oficinas por un jardín de 500 metros cuadrados donde convive con 400 tortugas. Jubilado y apasionado criador aficionado, dedica sus días a cuidar, observar y hasta conversar con estos animales que se convirtieron en el gran proyecto de su vida.

La historia comenzó en 2009, cuando junto a su esposa compró una casa con jardín. Un recuerdo de la infancia —visitas a un amigo de su padre que tenía muchas tortugas— despertó una pasión inesperada. Empezó con dos ejemplares. Hoy son cuatrocientas.

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Un jardín convertido en santuario

En el espacio conviven tortugas diminutas, del tamaño de una moneda, y otras con caparazones que alcanzan los 35 centímetros. Las más grandes necesitan hasta 20 metros cuadrados cada una.

En verano, algunas incluso entran a la casa si la puerta queda abierta. “Tranquilas, como si fuera suya”, cuenta Gobbetto.

Durante cinco meses al año hibernan: se entierran a unos diez centímetros de profundidad y permanecen inmóviles, con apenas dos latidos por minuto y una temperatura corporal cercana a los cinco grados.

Diez kilos de radicchio al día

Cuando llega la primavera, el jardín vuelve a cobrar vida. La dieta es simple pero exigente: hierba, diente de león y, sobre todo, radicchio. Consumen diez kilos diarios y, según su dueño, son selectivas: la parte blanca no la comen.

Cada mañana comienza igual. “Las saludo una por una, las miro a los ojos. Así sé si están bien”. Reconoce a todas por su nombre. Sus favoritas son Margherita y Carmen.

Tecnología y reproducción

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Desde mediados de mayo comienza la puesta de huevos. Las hembras pueden cavar durante dos horas antes de cubrir perfectamente el nido. Para no perder detalle, Renato instaló 30 cámaras en el jardín. Incluso de vacaciones controla todo desde el celular.

Cuando detecta una puesta, recoge los huevos y los coloca en incubadoras. El sexo depende de la temperatura: en el norte nacen más machos; en el sur, más hembras.

Animales protegidos y longevos

Las tortugas están reguladas por la normativa CITES y deben tener microchip y certificación oficial. Su esperanza de vida ronda los 90 o 100 años, por lo que muchas veces se heredan. De hecho, varias de las que hoy habitan el jardín llegaron tras el fallecimiento de otro criador.

Lejos de ser completamente silenciosas, durante el apareamiento los machos emiten sonidos particulares y realizan una danza de cortejo que incluye pequeños mordiscos en las patas de la hembra.

Lo que comenzó como un recuerdo infantil terminó convirtiéndose en una rutina singular: cada mañana, 400 miradas lo esperan en el jardín.

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