En el corazón montañoso de Portugal, existe un pequeño caserío que parece detenido en el tiempo. Rodeado de sierras, atravesado por senderos de madera y custodiado por un desfiladero de aguas cristalinas, este pueblo estuvo a punto de desaparecer. Hoy, sin embargo, es uno de los secretos mejor guardados del turismo rural del país.
Se trata de Casal de São Simão, una diminuta aldea ubicada en el municipio de Figueiró dos Vinhos, a unos 40 kilómetros de Coimbra. En lo alto de una colina y rodeada por la imponente Serra da Lousã, este conjunto de apenas una veintena de casas conserva intacta la esencia de los antiguos pueblos serranos portugueses.
Un pueblo medieval que casi desaparece
La historia de Casal de São Simão se remonta a la Edad Media. Una inscripción gótica en la pequeña Ermida de São Simão, construida en el siglo XV, confirma que la aldea ya existía en esa época.

Durante siglos fue una comunidad agrícola autosuficiente. Sin embargo, como ocurrió con muchas aldeas rurales europeas, el éxodo rural del siglo XX provocó su progresivo abandono. Muchas casas quedaron en ruinas y el lugar estuvo cerca de desaparecer.
La recuperación comenzó gracias a la iniciativa de uno de sus antiguos habitantes, António Quinta, quien decidió restaurar una vivienda para convertirla en refugio. Su iniciativa inspiró a amigos y vecinos que terminaron recuperando otras casas y fundaron la asociación Refúgios de Pedra, dedicada a preservar el patrimonio del pueblo.
Con el tiempo, el esfuerzo permitió que la aldea se integrara a la red turística Aldeias do Xisto, que reúne pueblos tradicionales de montaña en Portugal.
Casas de cuarcita y un restaurante que es el corazón del pueblo
Hoy, Casal de São Simão conserva apenas unas veinte viviendas, alineadas a lo largo de la ladera. Sus fachadas claras están construidas con cuarcita, una piedra abundante en la zona que le da al pueblo un tono dorado muy diferente al gris oscuro del esquisto típico de otras aldeas.
Puertas bajas, escaleras exteriores de piedra, flores en los balcones y cortinas blancas crean una escena pintoresca que parece sacada de otro siglo.
El corazón de la aldea es Varanda do Casal, un restaurante inaugurado en 2009 que también funciona como tienda y espacio comunitario para los vecinos.
El desfiladero que inspiró una pintura bíblica
Uno de los mayores tesoros naturales del lugar se encuentra a pocos pasos del pueblo: las Fragas de São Simão, un impresionante desfiladero formado por paredes verticales de cuarcita por donde corre la Ribeira de Alge.
Para recorrer este paisaje se construyó el Pasadizo de las Fragas de São Simão, una red de pasarelas de madera que serpentea entre las montañas durante unos 1.730 metros, atravesando escaleras, miradores y una playa fluvial de aguas cristalinas que cuenta con Bandera Azul.
El recorrido completo puede hacerse en unos 45 minutos y permite observar robles, alcornoques, castaños y madroños, además de aves como garzas reales y martines pescadores.
Pero el lugar también tiene un vínculo inesperado con el arte.

El reconocido pintor naturalista José Malhoa quedó fascinado con estos paisajes cuando visitó la región. Tanto fue su impacto que utilizó las Fragas de São Simão como inspiración para un cuadro bíblico terminado en 1904 que representa el bautismo de Cristo en el río Jordán.
En la pintura, conservada hoy en la iglesia matriz de Figueiró dos Vinhos, el artista incluyó discretamente las montañas de este desfiladero como parte del paisaje sagrado.
Un pequeño pueblo que se convirtió en símbolo de resistencia
Hoy, este rincón perdido de Portugal es considerado uno de los ejemplos más exitosos de recuperación de aldeas históricas en el país.
Gracias al esfuerzo de sus vecinos, Casal de São Simão pasó de ser un pueblo abandonado a un destino donde el tiempo parece haberse detenido, donde el sonido del agua y el viento entre las montañas sigue marcando el ritmo de la vida.









