Lo que parecía una condena irreversible se transformó en una historia de lucha, ciencia y esperanza. Un ejemplar adulto de cóndor andino, una de las especies más emblemáticas de Sudamérica, comenzó un delicado proceso de adaptación a una prótesis especialmente diseñada para ayudarla a recuperar movilidad y mejorar su calidad de vida luego de haber perdido por completo una de sus patas.

El caso conmovió a especialistas y cuidadores del Centro de Conservación de Vida Silvestre (CCVS) de La Florida, donde trabajan intensamente para brindarle una nueva oportunidad a esta hembra adulta que, debido a la gravedad de sus lesiones, ya no puede ser reinsertada en su hábitat natural.
El ave ingresó al centro el 13 de junio de 2025, proveniente de un campo ubicado en Quines, y desde el primer momento el panorama fue complejo. Los profesionales detectaron que había sufrido la pérdida total de una extremidad, una condición que no solo dificultaba cualquier posibilidad de rehabilitación convencional, sino que además la dejaba en una situación extremadamente vulnerable para sobrevivir en libertad.
Frente a ese escenario, el equipo veterinario decidió apostar por una alternativa poco habitual pero crucial: diseñar e implementar una prótesis que le permitiera recuperar parte del equilibrio y reducir el impacto físico de la lesión. El trabajo se realizó de manera conjunta con Agustín Almanza, médico veterinario vinculado a Redboot Quine, una firma dedicada a la fabricación de prótesis para equinos, que colaboró con las indicaciones técnicas necesarias para tomar el molde de la extremidad y avanzar con el dispositivo.
La prótesis fue donada por esa empresa y comenzó a ser utilizada dentro de un proceso extremadamente cuidadoso, encabezado por la médica veterinaria Andrea Gangone, junto a cuidadores y guardaparques que siguen de cerca cada pequeño avance del animal.
Según explicó Gangone, la adaptación no está siendo sencilla. Los primeros ejercicios se enfocan en algo básico pero fundamental: lograr que el cóndor tolere la prótesis y pueda empezar a incorporarla de a poco a sus movimientos diarios. Sin embargo, el proceso presenta dificultades porque el muñón tiene un callo muy fino, que no recubre adecuadamente el hueso y no ofrece la amortiguación necesaria. A eso se suma que el hueso está astillado, lo que le provoca dolor y obliga a trabajar con extrema lentitud y bajo un control estricto.
Aun así, los especialistas aseguran que ya comenzaron a notarse signos leves de mejoría, un detalle que renueva las expectativas y da sentido a cada jornada de trabajo.
En el centro explican que cerca del 70% de los cóndores que ingresan logran ser rehabilitados y luego regresan a su ambiente natural. Pero en casos severos como este, donde la pérdida de una pata es total, las posibilidades de liberación se reducen drásticamente. Por eso, cuando no pueden volver a la vida silvestre, estos ejemplares pasan a integrar programas especiales de conservación, reproducción, educación e investigación.

Ese será, posiblemente, el futuro de esta hembra. De hecho, en la Reserva Floro Faunística de La Florida ya existen antecedentes similares, como la pareja de cóndores andinos Kytek y Taynemta, que forman parte del plantel permanente del lugar y cumplen un rol clave en iniciativas destinadas a preservar la especie y concientizar al público sobre su importancia dentro del ecosistema.
Más allá de la dificultad del cuadro, desde el CCVS remarcaron que el ave recibe todos los cuidados médicos y veterinarios necesarios, además de una evaluación exhaustiva para determinar el alcance real de sus lesiones y definir la mejor estrategia posible para garantizarle bienestar.
La historia de este cóndor no solo refleja el enorme desafío que implica asistir a un animal silvestre con heridas irreversibles. También deja al descubierto el valor del trabajo silencioso de quienes, incluso cuando ya no hay posibilidad de devolverlo a la naturaleza, siguen buscando formas de ofrecerle algo esencial: una vida más digna.









