En medio de un escenario complejo para la industria hotelera, la Copa Mundial de la FIFA 2026 empieza a perfilarse como una de las mayores apuestas de recuperación económica para Estados Unidos. Con millones de visitantes esperados, estadías prolongadas y un movimiento masivo en las principales ciudades sede, el torneo ya es visto por el sector como una oportunidad histórica para revertir la caída del turismo internacional y devolverle aire a un rubro golpeado en los últimos años.
La expectativa no es menor. Hoteleros de todo el país creen que el Mundial, que se disputará entre el 11 de junio y el 19 de julio de 2026, puede convertirse en el evento capaz de cambiar la tendencia negativa que arrastra el turismo extranjero, especialmente en los grandes centros urbanos donde la ocupación y la rentabilidad comenzaron a resentirse con fuerza.
Según datos del Departamento de Comercio de Estados Unidos, durante los primeros once meses de 2025 el país registró una caída del 5,4% en la llegada de turistas internacionales, un retroceso que encendió alarmas en un sector que depende en gran parte de los viajeros extranjeros por su mayor capacidad de gasto y sus estadías más largas.
El golpe más fuerte llegó desde Canadá, uno de los mercados clave para el turismo estadounidense. La cantidad de visitantes canadienses cayó cerca de un 22%, lo que representó aproximadamente cuatro millones de turistas menos respecto al año anterior. A ese descenso se sumó también una merma importante de viajeros provenientes de Brasil, otro segmento especialmente valioso para la hotelería y el consumo turístico.
Este panorama contrasta con el crecimiento que mostraron otros destinos internacionales en el mismo período, lo que profundizó la preocupación dentro de una industria que ya arrastra dificultades en ciudades donde históricamente el turismo global era uno de los principales motores económicos.
Frente a ese contexto, el Mundial 2026 aparece como una bocanada de oxígeno. La FIFA estima que alrededor de siete millones de espectadores asistirán a los estadios durante el torneo, mientras que el país podría recibir entre 20 y 30 millones de turistas vinculados al evento, cifras que representan un impulso gigantesco no solo para los hoteles, sino también para restaurantes, transporte, comercios y actividades de entretenimiento.
Antes del nuevo escenario de inestabilidad internacional, la consultora Oxford Economics proyectaba que el impacto económico de la Copa del Mundo en territorio estadounidense podría acercarse a los USD 30.000 millones. Aunque analistas advierten que el contexto global podría alterar esas previsiones, en el sector turístico la esperanza sigue intacta.
La Asociación de Hoteles y Alojamientos de Estados Unidos (AHLA) viene alertando sobre el efecto directo que tuvo la baja del turismo internacional en la ocupación y en la rentabilidad de los hoteles, especialmente en mercados urbanos de alta dependencia extranjera. En estados como Nevada, por ejemplo, los hoteles reportaron pérdidas por alrededor de USD 6.700 millones durante 2025, lo que obligó a muchos establecimientos de Las Vegas a reducir tarifas para intentar atraer huéspedes.

Ese impacto también se tradujo en preocupación por el empleo. Desde el sindicato Unite Here, que representa a trabajadores del sector, advirtieron que la caída del turismo no solo afecta ingresos empresariales, sino también la estabilidad de una actividad que da trabajo a más de dos millones de personas en todo el país.
Aunque muchos actores del rubro evitan hacer declaraciones públicas demasiado directas, varios analistas y empresarios señalan que detrás del retroceso hay factores políticos que afectaron la percepción internacional de Estados Unidos como destino. Entre ellos mencionan el endurecimiento de ciertos requisitos de entrada, el clima de tensión comercial y una retórica considerada hostil hacia algunos países durante la administración de Donald Trump.
Algunos hoteleros aseguran que ese cambio de clima ya se siente en la práctica. En ciudades como Washington y Miami Beach, por ejemplo, responsables de cadenas hoteleras aseguran haber detectado menos visitantes canadienses y brasileños, dos perfiles históricamente importantes por su nivel de gasto y por la duración de sus viajes. Muchos de esos turistas, sostienen, hoy optan por otros destinos como Europa o el Caribe.
Por eso, la Copa del Mundo es vista como mucho más que un evento deportivo. Para el sector hotelero, se trata de una oportunidad concreta para reactivar reservas, mejorar tarifas, elevar la ocupación y, sobre todo, intentar recuperar la imagen de Estados Unidos como un destino atractivo a nivel global.
Las once ciudades anfitrionas ya comenzaron a diseñar estrategias para maximizar el flujo de visitantes y extender el impacto más allá de los estadios. Miami, Los Ángeles, Dallas, Nueva York, Filadelfia, Atlanta, Seattle y Boston, entre otras, trabajan en planes de promoción, ampliación de servicios y propuestas turísticas complementarias para captar viajeros antes, durante y después de los partidos.

Incluso ciudades que no serán sede directa buscan aprovechar el fenómeno. En Las Vegas, por ejemplo, confían en atraer a fanáticos que hagan escala antes o después de los encuentros programados en Los Ángeles o Kansas City, mientras que en Washington se ilusionan con beneficiarse por la cercanía con Filadelfia, donde se jugarán partidos clave, incluido uno previsto para el 4 de julio, coincidiendo con la fiesta nacional estadounidense.
El Mundial 2026 todavía no empezó, pero para los hoteles de Estados Unidos ya representa mucho más que una cita deportiva: es la gran esperanza de una industria que necesita recuperar visitantes, confianza y rentabilidad. En un contexto donde el turismo internacional perdió fuerza y los números dejaron de acompañar, la Copa del Mundo aparece como la oportunidad más grande de los últimos años para volver a poner al país en el centro del mapa turístico global.









