Los glaciares son mucho más que paisajes imponentes: funcionan como reservas de agua dulce, archivos del clima y reguladores térmicos del planeta. Durante miles de años almacenaron información en sus capas de hielo y ayudaron a reflejar la radiación solar, manteniendo el equilibrio energético de la Tierra. Pero ese equilibrio está cambiando a una velocidad alarmante.
En las últimas décadas, el planeta perdió más de 9 billones de toneladas de hielo glaciar, y el ritmo de deshielo se aceleró especialmente desde el año 2000. Frente a este escenario, una expedición científica en Groenlandia logró un avance inédito: utilizar drones de alta precisión para observar glaciares en detalle y construir modelos 3D capaces de mostrar cómo se fracturan, se desplazan y colapsan.
La misión se llevó a cabo en julio de 2025 y fue liderada por el explorador francés Jean-Louis Étienne, a bordo del Perseverance, considerado el velero de investigación oceanográfica más grande del mundo. Este “laboratorio flotante” fue equipado con sensores ambientales y tecnología especializada para monitorear la evolución del hielo ártico en tiempo real.

Hasta ahora, gran parte del estudio de los glaciares dependía de imágenes satelitales. Aunque resultan fundamentales para tener una visión global, su resolución no siempre alcanza para detectar pequeños cambios en la superficie del hielo. Ahí es donde los drones marcan la diferencia.
Mientras los satélites muestran el panorama general, los drones permiten capturar imágenes de altísima resolución que luego se convierten en mapas tridimensionales mediante fotogrametría aérea. En otras palabras: ahora los científicos no solo pueden saber cuánto hielo se pierde, sino también entender exactamente cómo ocurre ese proceso.
Uno de los casos más impactantes fue el del glaciar Eqip Sermia, donde el equipo logró cartografiar cerca de 10 kilómetros cuadrados de superficie helada. A partir de ese relevamiento, generaron un modelo digital tan preciso que permitió detectar pequeñas fracturas, desplazamientos y cambios en el volumen del hielo en períodos muy cortos de tiempo.
Pero no fue el único punto clave del estudio. En el glaciar Sermeq Kujalleq, considerado el glaciar más veloz del mundo, los drones también permitieron modelar icebergs y analizar cómo se fragmenta el frente glaciar, uno de los procesos más importantes en la pérdida de masa de hielo. Para dimensionarlo: este gigante avanza a una velocidad aproximada de 17 kilómetros por año, muy por encima del promedio global, que ronda apenas los 90 metros anuales.
El equipo utilizó un dron Mavic 3 Enterprise de DJI, una herramienta que demuestra cómo la tecnología está cambiando por completo la forma de hacer ciencia en lugares extremos. Lo que antes requería enormes presupuestos, infraestructura compleja y largos tiempos de trabajo, hoy puede realizarse con equipos más livianos, rápidos y mucho más flexibles.
Y esa agilidad no es un detalle menor. En regiones como el Ártico, donde los cambios pueden ser repentinos, tener la posibilidad de volver a observar un glaciar con frecuencia y detectar transformaciones en semanas o meses puede marcar una enorme diferencia para entender la magnitud del deshielo.
Además, este tipo de tecnología no solo mejora la observación científica: también permite perfeccionar los modelos climáticos y anticipar escenarios futuros con mayor precisión. Saber dónde se fractura el hielo, cómo fluye y cuándo colapsa es información clave para comprender el impacto real del calentamiento global sobre ecosistemas, recursos hídricos y el nivel del mar.

En un contexto en el que cerca de 2.000 millones de personas dependen directa o indirectamente del agua proveniente de glaciares, estos avances toman una relevancia aún mayor. La desaparición del hielo no es solo una cuestión visual o turística: implica alteraciones profundas en los ciclos del agua, en la biodiversidad y en las economías de distintas regiones del mundo.
Los drones, claro, no pueden detener el deshielo. Pero sí están logrando algo igual de importante: mostrarlo con una precisión inédita. Y cuando se trata de la crisis climática, comprender en detalle lo que está ocurriendo puede ser el primer paso para actuar antes de que sea demasiado tarde.









