Pescadores y científicos se unen para salvar a la tortuga carey en México

IMG_20260308_110836-1-1
Redactora
¡Valora esto!

En las costas de México, una alianza poco común está dando esperanza a una especie al borde de la desaparición: la tortuga carey, catalogada en Peligro Crítico de extinción. Pescadores y biólogos trabajan juntos para monitorearla y proteger su hábitat en los estados de Jalisco y Nayarit.

El proyecto, conocido como Red Carey Jal-Nay, nació en 2024 y ya logró registrar más de 90 ejemplares. La iniciativa combina el conocimiento práctico de los pescadores con el trabajo científico, permitiendo ampliar las zonas de monitoreo y generar información clave para la conservación.

image IMG 20260308 112432

Uno de los casos más representativos es el de pescadores que antes capturaban tortugas y hoy se convirtieron en sus protectores. Ahora las localizan en el mar, las capturan de forma segura y temporal, y permiten que los científicos recolecten datos antes de devolverlas a su entorno.

El proceso incluye mediciones, identificación con placas y la extracción de pequeñas muestras de sangre y tejido. Estos análisis permiten detectar la presencia de metales pesados y evaluar la salud del ecosistema marino. Por eso, la especie funciona como un “termómetro” del océano: lo que le ocurre a ella puede anticipar riesgos para otras especies e incluso para los humanos.

Además de su valor ambiental, la tortuga carey cumple un rol clave en los arrecifes, ya que se alimenta de esponjas marinas y ayuda a mantener el equilibrio del ecosistema. Sin su presencia, estos ambientes podrían deteriorarse rápidamente.

El proyecto también tiene un fuerte impacto social. Involucra a comunidades locales, genera conciencia ambiental y promueve nuevas oportunidades como el turismo de naturaleza. Incluso, ya hay nuevas generaciones interesadas en cuidar la fauna marina gracias a este trabajo conjunto.

Sin embargo, los desafíos continúan. La especie tarda décadas en reproducirse y enfrenta amenazas como la pesca accidental, el robo de huevos y la pérdida de hábitat. A esto se suma la falta de financiamiento para ampliar el monitoreo y sostener los esfuerzos a largo plazo.

Aun así, esta colaboración demuestra que la conservación es posible cuando ciencia y comunidad trabajan juntas, y que incluso las especies más amenazadas pueden tener una segunda oportunidad.

¡Valora esto!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *