Comunidades rurales de Ecuador lograron un avance histórico para proteger al mono capuchino ecuatoriano y a la pava del Chocó, dos especies amenazadas por la caza y la pérdida de bosques. En pleno Chocó Andino, impulsaron un corredor ecológico de más de 33.100 hectáreas destinado a recuperar su hábitat y frenar su extinción.

El proyecto comenzó en 2012 y desde entonces no dejó de crecer. En la última década sumó más de 10.000 hectáreas, permitió reforestar unas 8.000 hectáreas con especies nativas e intervino más de 500 fincas privadas para mejorar prácticas agroecológicas y conservar zonas de bosque.
Los resultados ya empiezan a verse. Después de años sin registros frecuentes, desde hace dos años el mono capuchino volvió a aparecer en sectores bajos del bosque, donde no se lo veía desde hacía mucho tiempo. Vecinos y turistas ya reportaron grupos de entre tres y seis ejemplares moviéndose entre los árboles.

Especialistas destacan que proteger a estas especies también beneficia a muchas otras. En la zona habitan animales como el oso andino, el tucán andino, las ranas de cristal y el poco conocido pájaro yumbo, todos favorecidos por la recuperación del ecosistema.
Además de la conservación, las comunidades apuestan por el turismo sustentable, con senderos, cascadas y avistaje de fauna como alternativa económica frente a amenazas como la minería, la expansión agrícola y la tala.
Para los impulsores del proyecto, salvar al mono y a la pava no es solo rescatar dos especies: es defender uno de los bosques más biodiversos de América Latina.









