Malta se consolida como uno de los destinos más buscados de Europa para el verano. Este pequeño archipiélago del Mediterráneo conquista a viajeros de todo el mundo gracias a una combinación difícil de igualar: ciudades históricas declaradas Patrimonio de la Humanidad y playas de aguas cristalinas entre paisajes rocosos.
Ubicada al sur de Sicilia, Malta ofrece una escapada donde en un mismo día se puede recorrer fortalezas centenarias y terminar nadando en calas de color turquesa.

Uno de sus mayores tesoros es La Valeta, la capital amurallada fundada tras el Gran Asedio de 1565. Sus calles estrechas, balcones coloridos y vistas al mar la convierten en una joya arquitectónica del Mediterráneo.
Entre sus principales atractivos destacan la Concatedral de San Juan, el Fuerte de San Telmo y el histórico Palacio del Gran Maestre.
Otro punto imperdible es Mdina, conocida como la Ciudad Silenciosa, una antigua capital rodeada de murallas que parece detenida en el tiempo y ofrece algunas de las mejores panorámicas de la isla.
Pero si hay una postal que define a Malta, esa es el Blue Lagoon, en la isla de Comino. Sus aguas transparentes y tonos turquesa la transformaron en uno de los rincones más fotografiados de Europa.

Para quienes prefieren arena, Golden Bay aparece como una de las playas más amplias y cómodas del archipiélago, aunque el verdadero encanto maltés está en sus acantilados, calas escondidas y plataformas rocosas para bañarse.
Los expertos recomiendan visitarla en mayo o octubre, cuando el clima sigue siendo cálido pero hay menos turistas que en plena temporada alta.
Pequeña en tamaño, pero enorme en historia y belleza natural, Malta se convirtió en la isla mediterránea que todos quieren descubrir.









