Una impactante limpieza realizada en las Cataratas del Iguazú dejó al descubierto un problema ambiental que preocupa cada vez más a las autoridades del parque: la enorme cantidad de residuos acumulados en el lecho del río por visitantes que arrojan objetos como parte de rituales de “buena suerte”.
Durante el operativo, equipos del Parque Nacional Iguazú retiraron más de 400 kilos de monedas, además de botellas, tapas plásticas, pilas y dispositivos electrónicos que permanecían bajo el agua.

La limpieza fue posible gracias a una histórica bajante del caudal del río Iguazú, que descendió a unos 500 mil litros por segundo, muy por debajo del promedio habitual de 1,5 millones. Esa situación permitió acceder a sectores que normalmente permanecen completamente cubiertos por el agua.
Según explicaron los responsables del operativo, el problema va mucho más allá de la contaminación visual. Las monedas, al permanecer sumergidas durante años, se oxidan y liberan sustancias químicas que alteran la calidad del agua y afectan directamente al ecosistema.
Además, varias especies acuáticas pueden confundir estos objetos con alimento y consumirlos accidentalmente.
“Muchas personas vienen y arrojan monedas pensando que traerán suerte o cumplirán deseos, pero eso genera un impacto ambiental muy grave”, explicó uno de los trabajadores que participó de la limpieza.
Desde la empresa Urbia+Cataratas, encargada de parte de las tareas de mantenimiento, señalaron que este tipo de operativos debe repetirse regularmente debido a que miles de visitantes continúan arrojando objetos pese a las advertencias y la prohibición vigente.

Las Cataratas del Iguazú, reconocidas como Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO, cuentan con estrictas normas de protección ambiental que prohíben tirar residuos al río.
Tras el hallazgo, las monedas serán clasificadas y evaluadas. Muchas presentan un fuerte nivel de corrosión, aunque aquellas que aún mantengan valor legal podrían destinarse a proyectos ambientales y programas de reforestación impulsados junto al Instituto Chico Mendes para la Conservación de la Biodiversidad.
El operativo volvió a encender las alarmas sobre el impacto que generan ciertas prácticas turísticas aparentemente inofensivas en uno de los ecosistemas más importantes y visitados de Sudamérica.








