Las mantas que ofrecen las aerolíneas pueden ser un gran alivio durante un vuelo, pero no siempre están pensadas para que los pasajeros se las lleven a casa. Hay algunas excepciones y una regla sencilla para evitar problemas.
Los aviones suelen tener temperaturas bastante bajas, especialmente durante vuelos largos o nocturnos. Por eso, cuando el frío empieza a sentirse, una de las primeras cosas que muchos pasajeros buscan es la manta que entrega la aerolínea.
El problema aparece cuando llega el momento de desembarcar. Para algunos viajeros, guardar la manta en el equipaje de mano puede parecer una manera inofensiva de llevarse un recuerdo del viaje. Sin embargo, quienes conocen el funcionamiento de las aerolíneas recomiendan no hacerlo salvo que la compañía indique expresamente que está permitido.

En la mayoría de los casos, las mantas y almohadas que se encuentran a bordo son propiedad de la aerolínea y están destinadas a utilizarse nuevamente en otros vuelos. Por eso, aunque llevarse una no necesariamente implique una multa o que el pasajero sea detenido en la puerta de embarque, no significa que esté permitido retirarla del avión.
Thomas Spagnola, ejecutivo especializado en la industria aérea y con más de 25 años de experiencia trabajando con aerolíneas, señala que existe una excepción importante: cuando la empresa entrega una manta descartable o comunica claramente que los pasajeros pueden conservarla.
Ante la duda, la recomendación es sencilla: preguntarle a un tripulante antes de bajar del avión.
No todas las mantas son iguales
El tipo de manta que recibe cada pasajero también puede variar considerablemente según la aerolínea, la ruta y la clase en la que viaje.
Sherry Peters, azafata internacional y fundadora de una plataforma especializada en viajes, explica que en la compañía para la que trabaja se entregan mantas de manera gratuita en los vuelos internacionales. Sin embargo, el grosor y la calidad pueden cambiar según la cabina.
En las clases premium, por ejemplo, es habitual encontrar edredones o mantas de mayor calidad, e incluso productos con la marca de la aerolínea.
A pesar de esas diferencias, la regla sobre llevárselas permanece: si la compañía no indica lo contrario, las mantas y almohadas deben quedarse en el avión.
¿Y qué pasa con la limpieza?

Otro aspecto que puede generar dudas es la higiene. Como muchas de estas mantas se utilizan nuevamente, los procedimientos de limpieza dependen de cada aerolínea y del tipo de vuelo.
En general, las mantas reutilizables de los vuelos internacionales de larga distancia suelen tener procesos de lavado más frecuentes. De todos modos, las políticas no son iguales en todas las compañías.
Para quienes prefieren evitar cualquier duda, una alternativa práctica es llevar una manta propia, una bufanda grande o una capa adicional de ropa. De esta manera, el pasajero puede abrigarse durante el vuelo sin depender de los elementos proporcionados a bordo.
La regla más segura, entonces, es simple: si querés llevarte la manta, primero preguntá. Si la aerolínea no confirmó que es un obsequio o un elemento descartable, lo correcto es dejarla en el avión.








