Así se siente volver a viajar después de varios meses en casa

Pasaron varios meses, casi ocho, desde que escribí para Encontrarse en el camino por última vez. Habíamos vuelto a casa con todo lo que ello implicaba.

Encontrar una nueva rutina, en la vida “normal”, se hace algo inevitable. Pero creo lo lleve bastante bien. Intente volcar todo lo aprendido al nuevo día a día.

Volví a vivir en casa, y me di cuenta que no se si podría hacerlo una vez más. Es hora ahora, o más bien al próximo regreso, que habrá que encontrar un lugarcito propio. No por nada en especial, ni personal, ni mucho menos por conflictos. Solo por el he hecho de que es necesario. Necesario para poder seguir creciendo en otros aspectos.

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Volví a trabajar en lo que me había formado tantos años. Que si bien no es lo que me apasiona, es una herramienta muy buena para alcanzar el resto de los objetivos. Y afortunadamente lo pude hacer en un lugar que me permitió hacerlo a mi manera. Un lugar que priorizaba mis mismo valores. El ambiente laboral, la calidad humana de los compañeros, la flexibilidad, la diversión, más allá de los objetivos profesionales.

Volví a encontrarme con los amigos de siempre y con los nuevos. Los que hicieron que el año, o los meses, que estuve en casa, se pasaran súper rápidos. Todavía no puedo creer que ya este arriba de un avión nuevamente (justo en este momento en que escribo estas líneas). Otra vez sin saber que deparará el camino. Pero siempre esperando lo mejor. Y seguramente es sobre este punto el que quiera ampliar más abajo.

Volví a conocer gente nueva, mucha. Y mucha gente linda.

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Volví a disfrutar las cosas que solo en Argentina se pueden disfrutar. La amistad, la familia, la comida, el fútbol, la música, las salidas. Y también las cosas no tan lindas con las que todos los argentinos tenemos que aprender a convivir. Porque pareciera, no aprendemos nunca a avanzar, a desarrollarnos como sociedad.

Sin embargo, de repente, me encuentro con que ya tengo un pasaje para volver a salir. Esta vez de un modo distinto, con un grupo grande de amigos. A un lugar mucho más lejos, con una cultura (que supongo o solo se por lo que vi hasta el momento) mucho más diferente. Volamos rumbo al sudeste asiático, como primer destino.

Travelling.

Pero no fue tan fácil. Todavía se me hace difícil saber por qué me costó más que la vez anterior tomar la decisión. Cuando digo costar, hablo de no estar tan seguro. Hablo de no tener esa misma confianza. Hablo de dejar cosas con las que me sentía cómodo, de volver a dejar vínculos, de volver a soltar.

Es entonces que obligadamente me paro a reflexionar, para intentar encontrar esa respuesta. Y lo primero que se me viene a la cabeza, ante esa inquietud, es la frase que alguna vez leí por ahí y dice “levar el ancla pa´seguir navegando.” Es que si llego a ese punto, de duda, de inquietud, de incomodidad con la comodidad, no puedo dejar de hacerle caso y sentir que sí. Que es momento de volver al camino, de volver a andar, de volver a conocer lo desconocido, de volver a confiar en la gente, de volver a encontrar la felicidad en un simple paisaje o un detalle cualquiera.

Discovering the world.

Hay algo que me facilitó la salida. Y es poder comenzar esta nueva aventura, dure lo que dure (eso no importa de antemano), con más de mis amigos. Esos que, como contaba más arriba, me hicieron sentirme en casa nuevamente a mi regreso. Pero al final, la decisión la toma uno. Y lo hice.

Para ir cerrando entonces, no sé qué es lo que viene. No se cuánto tiempo estaré afuera. No sé cuántas personas nuevas conoceré ni cuentos amigos nuevos podré hacer. No sé qué países visitaré. No se cuánto voy a extrañar.
No lo sé. Y eso me gusta. Me hace sentir grande, de espíritu grande.

Y en eso estamos, dando un nuevo primer paso en todo eso que implica y llaman viajar.

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