Un zapatero de la ciudad de Cluj, en Rumania, creó un exclusivo calzado para fomentar distanciamiento social

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Si dos personas que llevaran mis zapatos se pusieran una enfrente de otra habría una distancia social entre ellas de cerca de un metro y medio“, explica Grigori Lup, un zapatero rumano que ha hecho de este trabajo su vida misma desde 1949.

Grigori comenzó a trabajar cuando tenía 16 años como aprendiz de un zapatero de Cluj y ha estado en boca de muchos medios durante los últimos días por haber creado unos insólitos zapatos para ‘controlar’ el cumplimiento del distanciamiento social.

distanciamiento social

Se trata de un calzado diseñado con la misma base del pie común a cada persona más sumado un espacio dentro del zapato que llega hasta una talla número 70 para asegurar de que las personas queden al menos a un metro y medio cuando se encuentren cerca.

distanciamiento social

Estos zapatos largos fueron originalmente creados para actores de teatro, pero el artesano Grigore Lup, de la ciudad transilvana de Cluj-Napoca, decidió venderlos con este nuevo uso vinculando a una particular “solución” ante la pandemia del COVID-19:

distanciamiento social

Lo cierto es que, más allá de la sorprendente ocurrencia de este zapatero, ha sabido resignificar el valor de su negocio, duramente afectado por la crisis sanitaria del Covid-19. En diálogo con la agencia de noticias EFE, desde su taller en la ciudad de Cluj, Grigori indicó que “de repente, la gente dejó de entrar a mi negocio“.

En efecto, debió poner manos a la obra para intentar revertir su situación económica. Grigori afirmó: “nadie respetaba la distancia social y pensé: voy a hacer tres pares de estos zapatos, los pondré por internet y los llamaré zapatos de distanciamiento social para llamar la atención“. Y ya sabes… lo que empieza siendo como una broma, puede transformarse en algo demandado por muchos.

Me llamó una persona Inglaterra y me dijo que quería unas botas de distanciamiento social. Le enseñé estas botas y le pregunté: ¿son para una obra de teatro? Y me dijo que no, que su marido le había dicho que quería ir por la calle con ellas”.

Grigori Lup

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