Cruzar el océano Atlántico en velero: la odisea durante 74 días para reencontrarse con su familia en Mar del Plata

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Sin dudas, historias para rememorar cuando acabe este maldito virus habrá muchas. Y sí, definitivamente antes que cruzar el océano Atlántico navegando, hubiera sido muuucho más sencillo tomar un vuelo desde Portugal hacia Argentina. Luego, una vez arribado en la ciudad de Buenos Aires hubiera realizado una conexión mediante la Ruta 2 que lleva a la ciudad balnearia de Mar del Plata y fin del asunto.

Hubiera sido mucho más sencillo pero, tratándose de un contexto de pandemia de coronavirus en donde rigen al pie del cañón las restricciones aéreas y de tránsito entre personas, nada es tan sencillo en estos tiempos que corren. Sin embargo, la ausencia de sencillez es quizás lo que inunda a esta historia de condimentos dignos de una verdadera hazaña heroica.

Recapitulemos: esta anécdota tiene como protagonista a Juan Manuel Ballestero, un hombre marplatense de unos 47 años que experimentó una insólita travesía en solitario durante 74 días a medida que cruzaba el océano Atlántico a bordo de su velero.

Seguro te preguntarás qué necesidad había de cruzar el océano Atlántico y enfrentarse a semejante odisea. Y la respuesta no es otra más importante que el mismísimo amor que se siente por una familia. Del otro lado del charco, desde la localidad de Mar del Plata, esperaba ansioso Carlos, un hombre de unos 90 años y padre de Juan Manuel.

Quienes atestiguaron el encuentro han indicado que ni la presencia de barbijos en sus rostros logró opacar el grito de alegría y las lágrimas que no tardaron en salir.

En una entrevista con el medio argentino La Nación, Juan Manuel afirmó con la emoción corriendo por sus venas: “Era quedarme como cobarde en una isla sana o jugármela para ver mis viejos”. En efecto, desde mediados de marzo tomó la decisión de zarpar desde Porto Santo, en Portugal.

cruzar el océano Atlántico

El objetivo era llegar a destino y reencontrarse con su familia. En especial, estar presente para la celebración del Día del Padre, que en Argentina se celebra el tercer domingo de junio.

hasta salió mi historia en The New York Times, la está leyendo hasta Donald Trump (se ríe). Sé que cuando tomé la decisión fue un instante donde pensé que se acababa todo. Que el virus se llevaba miles de vidas en los mejores países de Europa. Y creí que hasta la Argentina no paraba. Así que armé el barco y salí de Porto Santo, donde ya te pedían distancia en la playa. Era quedarme como cobarde en una isla sana o jugármela para ver mis viejos.

Diálogo de Juan Manuel con el medio argentino La Nación

Consultado acerca de la posibilidad de volver a repetir la experiencia de cruzar el océano Atlántico, Juan Manuel enuncia: “Lo volvería a hacer las veces que fuera necesario”. Por lo pronto, con su llegada a la ciudad de Mar del Plata deberá someterse a un aislamiento, una medida un poco insólita tratándose de que estuvo más de 70 días solo en el océano. Sin embargo, posiblemente también se le realice el test para saber si es positivo en Coronavirus. En caso de ser negativo, Juan Manuel podrá disfrutar tan pronto como sea posible de las comidas y los buenos ratos de anécdota con sus padres.

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Murió uno de los tres guacamayos rojos nacidos en el Iberá por ingerir alimentos fuera de su dieta habitual

No hace más de diez días que compartíamos una alegre noticia que llegaba desde los Esteros del Iberá a todo el territorio argentino: en la provincia de Corrientes, tres guacamayos rojos recién nacidos parecían marcar un gran avance para la recuperación de la especie, considerada por más de 100 años como en extinción.

Incluso advertíamos que posiblemente, estos guacamayos fueran los primeros en nacer en estado silvestre, luego de 150 años de extinción. Motivo por el cual el acontecimiento había sido muy celebrado por los trabajadores en el predio y la fundación Rewilding Argentina, creada en el año 2010 para enfrentar y revertir la extinción de especies y la degradación ambiental resultante, recuperando la funcionalidad de los ecosistemas y fomentando el bienestar de las comunidades locales.

Murió uno de los tres guacamayos rojos nacidos en el Iberá
Murió uno de los tres guacamayos rojos nacidos en el Iberá

Ahora, tristemente, la misma fundación fue encargada de comunicar la muerte de uno de los tres pichones de guacamayo rojo que habían nacido días atrás en el Iberá. Tras un exhaustivo control y necropsia, detectaron que había sido alimentado con semillas de girasol, una oleaginosa no nativa perjudicial para estas aves.

Las mismas han sido provistas por humanos, marcando la polémica en una práctica que no es la primera vez que se debate: el peligro que podría causar dar de comer a animales con alimentos indebidos o fuera de su dieta habitual.

“Uno de esos pichones a los pocos días aparece muerto y en la necropsia se le encuentran en el buche restos de semillas de girasol, justo en el momento que nos llega la información de que había una mujer, que es operadora de turismo, guía del parque provincial, coordinadora de un Club de Observadores de Aves (COA) de la localidad de Ituzaingó, que estaba cebando a los guacamayos con una bandeja donde ponía diferentes semillas, entre ellas de girasol”

Marisi López, referente de la fundación Rewilding Argentina

Además, López detalló que “se tardan años en lograr que estas aves aprendan a ser libres, aprendan a reconocer los frutos silvestres para poder comer y dejen de comer alimentados por una persona en una bandeja y el hecho de que se las pongan hace que retrocedan en la fase de aprendizaje… El girasol es altamente dañino porque tiene una gran concentración de aceite que hace que los guacamayos se vuelvan adictos y que en largo plazo les ocasione la muerte“.

En efecto, los responsables de la fundación descubrieron que el padre de estos guacamayos recién nacidos iba hasta esas bandejas y después alimentaba a los pichones. En diálogo con la agencia de noticias Télam, desde Rewilding destacaron que se trata de “una noticia tremenda para el proyecto porque pone en riesgo la salud de los guacamayos, de los que ya están libres, de los tres guacamayos rojos recién nacidos, porque volvemos un paso atrás en su libertad y vuelven a ser mascotas“.

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