El sargazo que llega cada año a las costas del Caribe mexicano podría dejar de ser únicamente un problema ambiental para convertirse en materia prima para la construcción. Una empresa de capital 100% mexicano prepara una planta que comenzará a funcionar durante el primer semestre de 2027 y tendrá capacidad para procesar hasta 60 toneladas de sargazo por día.
El proyecto es impulsado por Rubisco2, una compañía especializada en tecnología ambiental que desarrolló un proceso termoquímico para transformar esta macroalga en un material que puede incorporarse a productos utilizados en la construcción.
La iniciativa busca darle una nueva utilidad a una biomasa que llega en grandes cantidades a las playas de Quintana Roo y que, actualmente, debe ser retirada y trasladada para su disposición.

Del sargazo a un material para la construcción
El proceso desarrollado por la empresa permite transformar el sargazo mediante un tratamiento termoquímico hasta obtener bicarbonato, que posteriormente permite formar un material de características puzolánicas.
Según explicó Edson Sánchez, cofundador de Rubisco2, este producto puede utilizarse para reemplazar hasta un 5% del cemento empleado en determinados materiales de construcción.
Las pruebas ya comenzaron. La empresa cuenta con una planta piloto en la que procesó alrededor de 50 toneladas de sargazo, mientras que el nuevo proyecto tendrá una escala industrial.
La tecnología también fue evaluada con el apoyo de Cemex y, a través de la colaboración con concreteras locales, el material obtenido a partir de las algas ya fue utilizado en la construcción de casas, un restaurante y losas para plazas comerciales.
Una planta en plena Riviera Maya
La futura instalación será construida en las cercanías de un hotel de la Riviera Maya, que acordó entregar sin costo todo el sargazo que consiga recolectar, tanto en sus playas como en el mar.
Esto permitirá que la materia prima llegue directamente a la planta para comenzar su procesamiento.
El proyecto también contempla recibir el sargazo recolectado por otros establecimientos o interesados de la región. La intención es ampliar progresivamente la cantidad de biomasa recuperada y evitar que el material termine acumulado en sitios de confinamiento.
Uno de los problemas del manejo tradicional del sargazo es precisamente su disposición final. Las empresas que retiran la macroalga deben pagar al gobierno por trasladarla a lugares destinados a su confinamiento, que, según explicó Sánchez, no siempre cuentan con las condiciones necesarias para impedir que los líquidos generados durante su descomposición lleguen al subsuelo.
Por eso, la nueva planta incorporará una alberca especial para captar los lixiviados que puedan producirse durante el proceso.
Del mar a la construcción en menos de 24 horas
Uno de los aspectos centrales del proyecto será el seguimiento de cada carga de sargazo desde el momento en que es recolectada hasta que termina convertida en materia prima.
La empresa desarrolló un sistema de Verificación de Reporte de Medición Digital (DMRV) que permite establecer una especie de recorrido completo del alga, desde su recolección hasta su utilización final.
El sistema permitirá registrar cuándo se recibió el sargazo, en qué contenedor fue almacenado, cuándo ingresó a la maquinaria, cuándo se secó y cuándo fue empaquetado para trasladarlo a una obra.
También se podrá identificar en qué construcción terminó utilizándose el material obtenido.
La compañía asegura que el objetivo es que el sargazo recolectado pueda ser procesado en menos de 24 horas, reduciendo así el tiempo que permanece almacenado antes de ingresar al proceso industrial.
El objetivo es llevar la tecnología a otras ciudades
La planta de la Riviera Maya será el primer paso de un proyecto que busca extender este modelo a otras zonas de Quintana Roo.
Para 2027, la empresa pretende llevar la tecnología a ciudades como Cancún, Playa del Carmen y Tulum, además de trabajar con comunidades más pequeñas que puedan participar en la recolección y valorización de la macroalga.
La idea es crear una cadena que permita aprovechar el sargazo desde su llegada a las costas hasta su transformación en productos destinados a diferentes industrias.
En este caso, el objetivo es que una parte de esa biomasa termine convertida en biochar o biocarbón vegetal, un material que la empresa vincula con la eliminación de dióxido de carbono y con la búsqueda de alternativas para reducir las emisiones de la industria de la construcción.
De esta manera, el proyecto busca transformar un problema recurrente del Caribe mexicano en un recurso aprovechable y generar una nueva cadena de valor alrededor del sargazo.








