Hallan ADN humano antiguo en una cueva de Portugal y el hallazgo reabre el debate sobre el arte rupestre

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Un equipo internacional de investigadores logró identificar ADN humano antiguo en las paredes de cuevas prehistóricas de la península ibérica, un descubrimiento que abre nuevas posibilidades para estudiar quiénes habitaron estos espacios hace miles de años. El material genético fue recuperado de superficies rocosas y de una costra calcítica pigmentada de la Gruta do Escoural, en Portugal, y demuestra que estas paredes pueden conservar huellas biológicas durante largos períodos.

El estudio, desarrollado en el marco del proyecto First Art y publicado en la revista Nature Communications, propone una nueva forma de investigar la presencia humana en sitios arqueológicos que muchas veces no pueden excavarse sin poner en riesgo su conservación.

Hasta ahora, gran parte de la información genética sobre las poblaciones antiguas provenía de restos óseos, sedimentos arqueológicos y materiales orgánicos. El nuevo método permite sumar una fuente de información diferente: las propias superficies de las cuevas.

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La saliva podría haber sido clave en la creación de las pinturas

Una de las hipótesis que impulsó la investigación sostiene que algunos artistas prehistóricos mezclaban pigmentos minerales con saliva antes de proyectarlos sobre las paredes mediante técnicas de soplado. De esta manera, los fluidos biológicos podrían haber contribuido a fijar el pigmento sobre la roca.

Los científicos también consideraron que el contacto directo con las superficies, al tocarlas o apoyarse sobre ellas, pudo dejar células y otros rastros biológicos que permanecieron preservados con el paso del tiempo.

Para poner a prueba estas ideas, el equipo comenzó a analizar muestras de la cueva de Maltravieso, en la ciudad española de Cáceres. Sin embargo, el material genético recuperado inicialmente no fue suficiente para obtener resultados concluyentes, por lo que los investigadores ampliaron el trabajo a otros yacimientos.

El hallazgo llegó después de analizar 11 cuevas

Entre 2022 y 2025, los especialistas recopilaron muestras de 11 cuevas de España y Portugal, con especial atención a superficies que conservan representaciones de manos y figuras realizadas con pigmentos rojos.

Mediante técnicas de extracción y secuenciación genética, lograron identificar ADN humano antiguo en una costra calcítica pigmentada de la Gruta do Escoural, en Portugal. También detectaron material genético humano en sectores sin pigmento de esa misma cueva y de la cueva del Covarón, en Asturias.

Los resultados sugieren que las huellas genéticas no necesariamente proceden de quienes realizaron las pinturas. También podrían corresponder a otras personas que frecuentaron las cavidades y tuvieron contacto con sus paredes.

La posibilidad de recuperar ADN directamente de la roca representa una nueva herramienta para la arqueología, ya que permite investigar la presencia humana sin depender exclusivamente de restos físicos encontrados durante una excavación.

Qué puede revelar el ADN sobre las sociedades prehistóricas

La nueva metodología podría ayudar a conocer mejor las características biológicas de las personas que utilizaron estas cuevas, así como aportar información sobre su ascendencia, sus movimientos y posibles vínculos de parentesco.

Además, podría contribuir a identificar el sexo biológico de algunos individuos cuyos rastros genéticos quedaron preservados en las superficies. Esto permitiría revisar interpretaciones tradicionales sobre la organización de las sociedades prehistóricas y la participación de distintos grupos en sus expresiones artísticas.

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Uno de los datos destacados del estudio es que, entre las muestras secuenciadas de la cueva portuguesa de Escoural, predominaron los perfiles genéticos femeninos. Este resultado refuerza el interés por investigar el papel de las mujeres en las prácticas vinculadas al arte rupestre, aunque por sí solo no demuestra quiénes realizaron las pinturas ni permite establecer que todas fueran creadas por mujeres.

Los investigadores consideran que el hallazgo representa el comienzo de una nueva línea de estudio. El proyecto First Art también desarrolla investigaciones en otros lugares del mundo, con el objetivo de encontrar rastros biológicos que permitan comprender mejor a las personas que habitaron estos espacios.

De confirmarse el potencial de esta técnica en más yacimientos, las paredes de las cuevas podrían convertirse en una fuente de información hasta ahora prácticamente inaccesible. Además de preservar imágenes de un pasado remoto, las rocas podrían guardar huellas genéticas capaces de aportar nuevos datos sobre quiénes estuvieron allí y cómo vivían.

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