Una escena de sorpresa y tensión se vivió este lunes por la mañana en el Aeroparque Jorge Newbery, donde parte del techo del primer piso se desplomó en el sector cercano al embarque internacional, en plena zona gastronómica y a metros de los locales de Starbucks y Le Pain Quotidien.
El episodio ocurrió luego de la fuerte tormenta que azotó a la Ciudad de Buenos Aires y el AMBA, con intensas lluvias y acumulación de agua durante la madrugada. A pesar de la magnitud del derrumbe, no hubo heridos, algo que desde el entorno aeroportuario calificaron como “un milagro”, dado el alto tránsito de pasajeros en ese horario.

El colapso: cómo fue el momento
Según testigos, el techo comenzó a ceder lentamente hasta que, segundos después, se produjo el desprendimiento de una superficie de aproximadamente 40 metros cuadrados. Acto seguido, una gran cantidad de agua cayó con violencia dentro del edificio, como si se tratara de una “lluvia interna”.
Un video grabado por una pasajera mostró las placas del cielorraso en el piso y el agua ingresando de forma abrupta, lo que generó momentos de nerviosismo entre quienes aguardaban para embarcar hacia destinos internacionales, especialmente vuelos a países limítrofes.
De inmediato, personal de seguridad activó los protocolos correspondientes y se evacuó preventivamente el sector afectado.
Qué pasó con los vuelos
Hasta el momento, no se informaron cancelaciones, aunque no se descartaban posibles demoras o reubicaciones mientras se evaluaban los daños estructurales. La planta baja, donde funciona el área de check-in, no sufrió afectaciones, lo que permitió mantener la operatividad general de la terminal.
Los pasajeros fueron trasladados a otras áreas de espera para garantizar la continuidad de las operaciones sin poner en riesgo su seguridad.

Las causas: la tormenta bajo la lupa
De manera preliminar, las autoridades indicaron que el desprendimiento habría estado vinculado a la acumulación de agua en el techo. El sistema de desagüe no habría logrado evacuar el caudal generado por las intensas precipitaciones, lo que produjo una presión excesiva sobre la estructura hasta provocar el colapso.
El hecho se enmarca en un contexto de temporal severo en el Área Metropolitana de Buenos Aires, donde también se registraron calles anegadas, caída de árboles y complicaciones en el tránsito.
Mientras avanzan las tareas de mantenimiento y evaluación técnica, el episodio abre interrogantes sobre la capacidad de respuesta de la infraestructura ante fenómenos climáticos cada vez más intensos.







