Un equipo de científicos en EE.UU. ha logrado un avance significativo en la tecnología de baterías al transformar un desecho orgánico en una batería ecológica con una alta capacidad de almacenamiento de energía. Este descubrimiento podría revolucionar el sector y contribuir a la lucha contra el cambio climático.

Investigadores de la Universidad Northwestern lograron convertir el óxido de trifenilfosfina (TPPO), un subproducto de desechos industriales, en un material con un enorme potencial para el almacenamiento de energía. Actualmente, miles de toneladas de este compuesto se descartan anualmente, pero este estudio demuestra que podría ser clave en el desarrollo de baterías de flujo redox orgánicas.
El químico Christian Malapi, uno de los responsables del estudio, destacó la importancia de este avance: “Nuestro descubrimiento muestra el potencial de transformar compuestos de desecho en recursos valiosos, ofreciendo una vía sostenible para la innovación en la tecnología de baterías”.
Las baterías convencionales, como las de iones de litio, dependen de metales como el litio y el cobalto, cuya extracción implica una minería invasiva y altamente contaminante. En cambio, las baterías de flujo redox almacenan energía mediante una reacción química que permite transferir electricidad entre los electrolitos, facilitando su uso en sistemas de almacenamiento a gran escala.

En las pruebas realizadas, la batería basada en TPPO demostró una notable estabilidad, manteniéndose en buen estado tras 350 ciclos de carga y descarga, con una pérdida mínima de capacidad. Esto la convierte en una alternativa prometedora para almacenar energía de fuentes renovables y mejorar la eficiencia de las redes eléctricas.
Los científicos continuarán investigando y optimizando el uso de esta molécula para potenciar el desarrollo de baterías ecológicas y sostenibles, abriendo la puerta a una nueva generación de almacenamiento de energía sin los impactos negativos de la minería tradicional.