La historia de como King Kong terminó en Mar del Plata, Argentina

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Cuando Dino de Laurentis puso mas de 2 millones de dólares para que Carlo Rambaldi (el mismo que luego hizo a E. T.) creara al animatronic de King Kong, nunca se imaginó que “su criatura” terminaría sus dias de kilómetros al sur.

Más precisamente en Mar del Plata, la ciudad marítima más grande de Argentina. En estas tierras gobernaban los dinosaurios a los que luego les cantaría Charly García y la gente buscaba todo lo que sea para distraerse. Hablamos de 1976, cuando Dino de Lau­rentis fue dueño de un éxito descomunal a nivel internacional con King Kong. El gran gorila, después de un largo viaje, llegó a la Argentina, metido en 19 cajones enormes en las bodegas de un buque de la Empresa de Líneas Maríti­mas Argentinas. Una vez arribado su recorrido fue corto, del puerto de Buenos Aires lo llevaron al centro de exposiciones de la Sociedad Rural donde recibió el madrinazgo de la famosa presentadora de TV “Pinky», una gran estrella en Argentina.

Todo esto fue transmitido en vivo por el canal de TV Público. Nada de lo que prometían en la publicidad era cierto, el show era una estafa. Todo se resumía a unos números circenses y una aparición de King Kong de menos de 15 minutos y en esa aparición, apenas si el gorila podía mover los brazos y un poco la cabeza. Por eso, después de cuatro meses atravesados con más pena que gloria, los empresarios que trajeron a la criatura decidieron probar suerte en Mar del Plata. Era plena temporada veraniega y ellos olían que sería un éxito. En Mar del Plata los esperaba el hoy desaparecido estadio Bristol. Pero cuando llegaron se dieron cuenta de que King Kong era más alto que el techo. Por eso debieron cavar el suelo para darle más espacio a la bestia y con esas modificaciones perdieron el mes de enero que es el más concurrido por los turistas.

Y entonces nuevamente hicieron todo mal: volvieron a llenar el evento de números de circo y unos musicales como para que todo durara algo mas de media hora y la estafa se notara menos, pero eso fue difícil por que en Mar del Plata cobraron la entrada el doble del valor que habían cobrado en Buenos Aires.

Ya el debut del 1 de febrero fue un fracaso, una parte del público ya lo había visto en Buenos Aires y el resto de los turistas que quedaban no mostraron el menor interés. La falta de público fue una constante todo ese mes y en marzo la temporada de verano llegó a su fin. La visita de King Kong a Mar del Plata fue uno de los grandes fracasos históricos de esa ciudad. Entonces, las demandas y las pérdidas de dinero comenzaron a hacer presión sobre los responsables del espectáculo.

La gira debía continuar por Brasil pero los responsables de montar la carpa en el estadio Bristol, ante la falta de pago, la desmantelaron y el animatronic de Carlo Rambaldi quedó un tiempo a la intemperie hasta que alguien se apiadó y lo tapó con una lona.El clima, mas la salinidad del aire al estar cerca del mar comenzaron a dañar el pelo de caballo con que estaba hecho y también se había comenzado a dañar la maquinaria del animatronic.

A todo eso se sumó que la Sociedad de Derechos de Autor para la música Argentina, SADAIC embargó al gorila por una deuda con intereses por derechos de autor no abonados.

Los empresarios brasileros también iniciaron sus demandas por que King Kong no llegaba a su país y se caían los contratos, mientras que los licenciatarios de Estados Unidos hacían responsables a los empresarios argentinos.

Como no se estaba pagando el alquiler del estadio Bristol para albergar al robot gorila en ese lugar, los encargados del estadio debieron trasladar al equipo con grúa a un lugar donde no ocasione molestias y entonces King Kong terminó arrojado en un descampado cercano a la cárcel de Batán y a una villa miseria.

Allí entre escombros, las ratas, el clima y los lugareños fueron desmantelando parte de sus componentes.​ A partir de aquí, y hasta el año 2017 la historia del final de King Kong corrió por dos carriles, por que había quienes afirmaban que Kong había sido totalmente vandalizado hasta desaparecer en Batan y otros decían que se lo habían llevado no sabían dónde.

Pero en 2017 se pudo conocer el verdadero final. El historiador marplatense Fernando Soto Roland cruzó diferentes datos, se entrevistó con la gente debida y siguió los pasos de King Kong. Entonces así descubrió que lo que quedaba del animatronic fue escoltado por la policía hasta Buenos Aires, donde estuvo un tiempo en un galpón del barrio porteño de Villa Devoto antes de ser trasladado a EEUU para ser reparado y después cumplir, con atraso, sus compromisos en Brasil.

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