En 1965, seis adolescentes del reino de Tonga protagonizaron una de las historias de supervivencia más sorprendentes del siglo XX. Tras un naufragio, los jóvenes quedaron varados durante 15 meses en la deshabitada ʻAta, en medio del océano Pacífico. Cuando finalmente fueron rescatados, sus familias ya habían celebrado funerales creyendo que habían muerto en el mar.
Todo comenzó cuando los chicos, de entre 13 y 19 años, decidieron escapar de su estricta escuela interna en la capital Nukuʻalofa. Su idea era vivir una aventura y navegar hacia otras islas del Pacífico. Para hacerlo, tomaron prestado —sin permiso— un pequeño barco pesquero y zarparon sin mapa ni experiencia real en navegación.
Sin embargo, el plan se convirtió rápidamente en una pesadilla. Poco después de partir, una tormenta destruyó el ancla, el timón y la vela del barco. Durante ocho días los jóvenes quedaron a la deriva, intentando mantener la embarcación a flote mientras el mar los empujaba cada vez más lejos. Finalmente divisaron tierra firme y lograron llegar nadando a la isla de ʻAta.

El lugar estaba completamente abandonado. La isla había quedado deshabitada décadas antes, cuando sus pobladores fueron capturados por traficantes de esclavos en el siglo XIX. Desde entonces, nadie vivía allí.
Lejos de caer en el caos, los adolescentes lograron organizarse para sobrevivir. Construyeron refugios con madera y hojas, recolectaban agua de lluvia y se alimentaban de peces, aves marinas, bananas y cocos. También mantenían un fuego encendido de forma permanente para cocinar y enviar señales de humo. Incluso establecieron turnos de trabajo y comenzaban cada día cantando y rezando juntos.
Durante ese tiempo enfrentaron varios desafíos. Uno de los jóvenes sufrió una fractura en la pierna tras una caída desde un acantilado, pero sus amigos improvisaron una férula con ramas y hojas hasta que el hueso sanó. Pese a las duras condiciones, cuando finalmente fueron encontrados se encontraban relativamente sanos.
El rescate ocurrió el 11 de septiembre de 1966, cuando el pescador australiano Peter Warner navegaba por la zona. Desde su barco observó algo extraño: manchas de tierra quemada en una isla que se suponía deshabitada. Al acercarse con binoculares, vio a un joven saltar desde un acantilado y nadar desesperadamente hacia su embarcación.
Cuando el chico subió a bordo dijo en inglés: “Mi nombre es Stephen. Somos seis y creemos que llevamos aquí 15 meses”. Warner decidió verificar la historia por radio con la capital tongana. La respuesta fue impactante: los muchachos habían sido dados por muertos y sus familias ya habían realizado funerales.
Tras el rescate, los adolescentes regresaron a Tonga, aunque inicialmente fueron detenidos por haber robado el barco con el que escaparon. Warner terminó pagando una compensación al dueño de la embarcación para que retirara los cargos. Luego, incluso contrató a varios de ellos para trabajar en su barco pesquero.

Con el paso de los años, la historia se volvió famosa porque muchos la compararon con la novela Lord of the Flies de William Golding, que relata cómo un grupo de niños naufragados termina cayendo en el caos y la violencia. Lo sorprendente es que en el caso real ocurrió exactamente lo contrario: los jóvenes sobrevivieron gracias a la cooperación, la amistad y la organización.
Un detalle curioso es que muchas de las fotografías que circulan de ellos en la isla no fueron tomadas durante el naufragio, sino después del rescate, cuando se recrearon escenas para documentales y reportajes sobre la increíble historia de los llamados “náufragos de Tonga”.









