Aunque Michigan es conocido como el estado donde nació la industria del automóvil, allí existe una excepción que parece desafiar toda lógica moderna. Se trata de la Isla Mackinac, un pequeño paraíso donde los autos están prohibidos desde 1898 y la vida transcurre sin motores, bocinas ni smog.

Con apenas 600 habitantes permanentes, la isla no permite ningún tipo de vehículo motorizado: no hay autos, motos ni siquiera carritos eléctricos. Para moverse, tanto residentes como visitantes caminan, usan bicicletas o se trasladan en carruajes tirados por caballos, que forman parte del transporte cotidiano y del encanto del lugar.
Mackinac está rodeada de bosques, senderos naturales y paisajes costeros, y conserva una arquitectura histórica impecable, con edificios que parecen detenidos en el tiempo. Caminar por sus calles es una experiencia única, donde el silencio y el ritmo pausado reemplazan al caos urbano.

Otro de sus sellos distintivos es el fudge artesanal, una golosina típica que se elabora de manera tradicional desde hace décadas y que se convirtió en uno de los grandes atractivos gastronómicos de la isla.
Sin tráfico, sin ruido y sin contaminación, la Isla Mackinac funciona bajo otras reglas, más lentas y conscientes. Un lugar donde el tiempo parece estirarse y la vida se vive con calma. La pregunta queda abierta: ¿te animarías a vivir en un sitio así?




