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“La kombi cholulteca”: de México a Argentina buscando nuevos métodos de enseñanza

Tras compartir frustraciones, ideas y sueños, decidimos renunciar a nuestros trabajos y empezar a concretar algo de todo aquello que tanto nos motivaba. Para ese momento, ya teníamos la pieza clave de este viaje: una hermosa kombi Volkswagen que Bruno compró un par de años antes en Cholula, ciudad que quiso homenajear al bautizar al vehículo como “la cholulteca”.

Muchas de las frustraciones que compartíamos tenían que ver con la educación y su gran crisis actual (Bruno era profesor en escuelas), producto entre otras cosas del obsoleto
método de enseñanza tradicional. Por lo que uno de los motivos de viajar desde México hasta Argentina era realizar una investigación sobre innovación educativa y pedagogías alternativas, visitando emprendimientos educativos en América Latina que se destaquen en esos campos.

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Visitamos todo tipo de proyectos en nuestro viaje: escuelas sin materias, sin horarios fijos, sin obligación de asistir, sin manuales, sin aulas o sin división por edades, entre otras cosas. Incluso escuelas que en vez de recreos tenían juegos y arte. Y hasta escuelas en casa, o educación sin escuela.

Para los dos encarar un viaje así fue una experiencia llena de nuevas sensaciones, ya que nunca habíamos viajado tan largo por carretera. Así, iniciamos nuestro trip en junio de 2016, primero rumbo hacia el norte mexicano, llegando hasta San Luis Potosí y de ahí, con rumbo sur, cruzando por Chiapas hacia Guatemala, en octubre del mismo año. Tanto así, que a un costado de la ruta no pudimos no detenernos a contemplar la erupción casi permanente del Volcán de Fuego a las afueras de la ciudad de Antigua.

De Nicaragua teníamos escasas referencias, sin embargo no sólo nos sorprendieron los increíbles paisajes, sino también la calidez de todos los amigos que hicimos, sin contar además que tuvimos la suerte de encontrarnos con nuestro admirado Jorge Drexler. A Costa Rica, nos tocó llegar un día antes de que los ticos enfrentasen el paso del huracán Otto. Para nuestra suerte, Costa Rica nos recompensó y nos dio una familia que nos adoptó por casi 2 meses para de una vez por todas poder disfrutar de la tan mentada “pura vida” costarricense.

Para todo viaje o viajero que desee pasar por tierra de Panamá a Colombia (o viceversa), el momento de cruzar de un país a otro es de una tensión terrible, ya que al no existir
una carretera que una a ambos territorios, el cruce debe hacerse por barco en el caso del vehículo y para las personas, por avión o velero.

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Una vez en Cartagena (Colombia), y luego de muchísimos trámites, nos entregaron la kombi y pudimos seguir nuestro camino y empezar a disfrutar de Colombia y enamorarnos de su gente. Así, lo primero que hicimos fue refugiarnos del calor de Medellín, de ahí hasta el sur de Ecuador aprovechamos lo máximo posible la siempre impactante Cordillera de los Andes, dándonos el gusto de maravillarnos ante paisajes como la Laguna de Quilotoa o los magníficos volcanes que merodean la zona central de Ecuador.

Luego decidimos atravesar Perú por la costa, no dudamos en subir para llegar a Cuzco y luego emocionarnos ante el Titicaca. Ya en Bolivia, la emoción por el lago navegable más
alto del mundo no paraba, y si a eso le sumamos a la gente de ese país, hizo todo perfecto. Obviamente fuimos a La Paz que nos trató de forma hermosa, y de ahí a cumplir un sueño:
el Salar de Uyuni. Finalmente, tras más de un año de viaje, y luego de una insufrible frontera en Argentina, llegamos al país de Bruno en donde Ann empezó a cumplir otro sueño y en donde pensamos quedarnos un rato largo para explorar este hermoso país.

A pesar de que el viaje sigue y aún le falta un tiempo para concluir, sí hemos llegado varias veces a determinadas conclusiones, que tienen que ver con la felicidad y los momentos que este viaje nos permitió vivir, desde conocer muchos amigos de todos los ámbitos pero que comparten una pasión como nosotros hasta sentir a veces que estamos viviendo “la verdadera libertad”, como diría Andrés Calamaro. Además por supuesto, de llenarte y contagiarte de buenos deseos y pensamientos, mientras en el medio descubres amigos en cada lugar que pisas y al hacer un recuento, te ves en cada kilómetro que pasa más valiente que en el anterior.

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