A cinco años de un hecho histórico, los Esteros del Iberá celebran un logro clave para la conservación: hoy albergan la mayor población de yaguaretés silvestres del país, tras más de 70 años de ausencia de la especie en Corrientes. El proceso marcó un punto de inflexión para uno de los humedales más importantes de América del Sur.
La historia comenzó con la liberación de la hembra Mariua junto a sus cachorras Karai y Porá. Esa familia fundadora logró adaptarse a la vida en libertad y reproducirse con éxito. Con el paso del tiempo, la población creció de manera sostenida hasta superar hoy los 40 yaguaretés silvestres, convirtiendo a Iberá en el núcleo más numeroso de Argentina.

La reintroducción del yaguareté, como depredador tope, tuvo un impacto directo en el equilibrio natural del ecosistema. Su presencia reguló poblaciones de herbívoros y mesodepredadores, lo que permitió la recuperación de pastizales y humedales, favoreciendo la regeneración vegetal y el aumento de la diversidad de especies. El regreso del felino no solo devolvió una especie emblemática, sino que restauró relaciones ecológicas esenciales.
El impacto también fue social y económico. La presencia del yaguareté impulsó el turismo de naturaleza, que se consolidó como motor de desarrollo local. Cada vez más visitantes llegan atraídos por la posibilidad de observar fauna en libertad, generando empleo, fortaleciendo emprendimientos comunitarios y reforzando la identidad y el orgullo correntino. La conservación se transformó así en una oportunidad productiva sostenible.

El éxito en Iberá dio paso a una visión más amplia: “Ríos del Yaguareté”, una estrategia que promueve corredores ecológicos para reconectar ambientes y permitir el desplazamiento seguro del felino a escala regional, especialmente en la cuenca del río Paraná. La restauración deja de ser local y se proyecta a nivel sudamericano, integrando ciencia, conservación y cooperación.
El yaguareté es una especie estratégica y protegida por su rol ecológico irremplazable. En Argentina está declarado Monumento Natural Nacional, lo que prohíbe su caza, captura o comercialización. Este marco legal, junto al trabajo sostenido de conservación, convirtió el regreso del yaguareté a Iberá en un símbolo de esperanza ambiental y en un modelo replicable para la región.






