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Melody, la kombi con la que salí a recorrer el mundo y me cambió la vida

8 min


Soy Pamela, tengo 30 años. Fui estudiante de derecho, tenía una vida ordenada o por lo menos eso parecía. Viví en varios lugares de la provincia de Buenos Aires, de alguna forma, ahora que lo pienso, inconscientemente tenía algo de nómade. Un día, no sé por qué razón, tomé la determinación de hacer un cambio para mi, necesitaba moverme de lugar.

Del Principio de un proyecto que no fue

Durante el año 2014 ideamos un plan junto a mi novio, con la idea de viajar por Latinoamérica. Previamente habíamos hecho un viaje por Ecuador y nos quedaron las ganas de más. Logramos concretarlo en noviembre cuando salimos desde Mar del Plata a bordo de nuestra kombi Volkswagen de 1986. El sueño en principio era llegar a México; recorrimos Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia. Lamentablemente cuando llegamos a Panamá, un año y medio más tarde, ambos nos dimos cuenta que el proyecto no podía continuar. No quiero hacer mucho hincapié en esto, son secretos que pasan en 4 metros cuadrados.

De la nueva adaptación

Cuando eso ocurrió, todo fue tan rápido que no importaban demasiado las cosas materiales, de hecho, el viaje nos había dado una buena lección acerca de ello. Decidí quedarme en Farallón, un pueblo pequeño de Panamá y sin la kombi. Comencé a trabajar en un hostal, donde además de volver a dormir en una cama recibí la contención de una familia que estaba dispuesta para abrazarme hasta el final. Entre las nuevas responsabilidades, pensaba adaptar mi situación y buscar alguna salida para responder mis preguntas. Reflexioné sobre lo que fue el viaje para mi.
Viajar es una buena escuela. Viajar durante todo este tiempo me preparó para superar cualquier tipo de acontecimiento. Uno cambia permanentemente de personas, personalidades, temperaturas, comidas, entre otras cosas. Siempre con ese poder de libertad que nos permite decidir dónde ubicarnos en tiempo y espacio; te adaptas a las bienvenidas, se sufre con las despedidas, y si te cansas de la playa salís para la montaña,  te diviertes con las nuevas palabras, y yo, que nací en Argentina, ahora tengo que hablar de “tu”, digo “carro”, digo “vaina”, mi favorita es la “berraquera” y con tanto chileno estoy diciendo mucho “huevón”. Aprendí a pedir, a recibir ayuda desinteresadamente, a emocionarme cuando viene una señora con una sonrisa enorme a traerme un pollo horneado entero para mi.  En fin, que lindo es viajar.

Tardé un tiempo en darme cuenta que quería después de lo que había pasado, no puedo negar que la separación fue un golpe bajo, la situación era incómoda. La familia y los amigos, con algunas dudas acerca de mi estado emocional, sugerían que retornara a Argentina. Para mi esa siempre fue la última opción. Mamá estaba muy preocupada, obviamente yo no le proporcionaba el cien por ciento de la información pero ella intuía todo lo que me pasaba.

Del posible plan

Un día hablé con unos amigos, Eduardo y Gonzalo, que también viajaban en kombi, los conocí en Cuzco, Perú. Les tengo mucho cariño, hay bonitos recuerdos. Ellos ya estaban de regreso en Argentina y por diferentes circunstancias debieron dejar su kombi en Cartagena, Colombia.

Cuando las cosas se calmaron un poco “me tiré un lance”, como decimos nosotros cuando nos arriesgamos a decir algo, e intente hablar con Eduardo, el dueño de “Melody” (así le dieron nombre a su kombi) acerca de lo que había pasado y cuáles eran los planes. Ya sentía un poquito de taquicardia.

Ellos estaban al tanto de mi situación, así que finalmente se sentía que podía llegar algo bueno. Yo les dije: –menos por menos es más, la matemática es exacta, esto no puede fallar–.

Lentamente, y a la distancia, coordinaba con distintas personas para la logística de la documentación y el envío de las llaves.
Mientras tanto me incitaba con el proyecto, el proyecto “La Kombi del Mundo” que nace porque personas de varios países colaboraron para hacer este sueño posible, muchos aún sin saber lo que estaba por pasar. Esta transición fue una moneda que levitaba en cámara lenta, muy lenta, y ya estaba cerca  de caer para decidir mi nueva suerte.

Entretanto, iba hablando con distintas personas acerca de fletes; normas de derecho Argentino para hacer los permisos. Llegué hasta chatear con un profe de la universidad; andaba contando la historia por ahí con los huéspedes del hostal, y aquellos sujetos internacionales empezaban a emerger dando las señales que avalaban el presunto plan. Todo esto me lo dió el viaje, mi real tesoro, increíble, me colma.

Luego de una gran lucha ya tenía todo en mis manos, faltaba conseguir algo de dinero para llegar hasta Colombia, pagar una sanción que tenía la kombi por excederse del tiempo permitido en el país y el costoso cruce en contenedor.

Desde el momento que estaba segura de esto, el corazón ya ni siquiera me dejaba dormir en las noches, la ansiedad me hacía temblar las piernas, la espalda se retorcía de tanto peso y mi cerebro pedía a gritos que deje de pensar en ella, que me relaje, que todo iba a salir bien.

Querer algo tan fuerte es el arma más importante que tuve para concretar esta misión que, operativamente, empezó el primero de marzo de este año. No es que quiera muchas cosas, pero cuando quiero algo identifico el objetivo y disparo para alcanzarlo.

Miedo? Nunca, tal vez incertidumbre, pero demasiado acostumbrada a eso. Pocas veces había sentido tanta convicción por algo, sentía una fuerza dentro de mi propulsada por no sé qué y alimentaba mi motor para estar ahí, erguida, con la frente en alto; decidida, intrépida, desafiante. Sí… me comía el mundo.

De la misión de rescate

Yo cruzaba la kombi sí o sí. Cruzaba mi kombi sola, decía mi preámbulo. Pero salí a pedir auxilio para disminuir los gastos, el presupuesto se había puesto en alerta roja; la dieta se había puesto a base de pan de queso.
Como sale un conejo de la galera apareció la Colorina de Chile, las motos de Lituania, y Joaquín con su perro Baloo, también de Chile.

El universo se ocupó de instalar aquellas personas que necesité mientras duró el proceso burocrático y desconocido de cruzar un vehículo desde Colombia a Panamá. Debo reconocer que les estaría mintiendo un poco, en verdad, no era tan desconocido para mí, porque había cruzado la otra kombi  9 meses atrás. Ya me considero de avanzado conocimiento en el tema.

Los contratiempos no tardaron en aparecer, pero le dieron suspenso y presión al operativo, algunos eran tan exagerados que hizo llorar a varios. Como por ejemplo que tus amigos pierdan su papel de ingreso al país 4 horas antes de necesitarlo para entregar en aduana, o llegar cinco minutos después de que cierren la oficina donde te tienen que entregar los informes de antinarcóticos del puerto. El sudor, la palidez y ojeras lograron conmover a varios. Agradecida de ellos. Ah, casi me olvido de Baloo, causa directa para cruzar en lancha y que casi toman de rehén en todos lados.

De los ensayos para entender

La magia fue la gran protagonista de este capítulo. A veces trato de entender cómo hice todo esto, cómo apareció la gente, cómo se dieron las cosas. Estaba sentada afuera de alguna de las tantas oficinas que visité, y cada tanto sentía que el alma se iba a dar una vuelta para pensar, cuando volvía, no recuerdo tener noción del tiempo que pasé procesándolo, era inconmensurable.
¿Por qué lo logré? ¿Por qué me lo merecía? ¿Por qué tenía que darse? ¿Por qué la energía conspiró?
¿Por orgullo?
La pereza me hace caer en una inmensa nube, cierro los ojos y resuelvo rápidamente la ecuación. Como dije antes, MAGIA. Me entregué y fue glorioso. Listo, con ese desplazamiento emocional ya estaba lista para seguir los trámites, más convencida.

De culminar y promover el futuro próximo

Un sueño que nunca sentí inalcanzable se estaba materializando en toda su belleza cuando por fin volví a Farallón. El suspiro fue presagio de la primavera que tanto estaba esperando. Las muecas se me escapaban de la cara, el resultado de la lucha tuvo su recompensa. Melody, la kombi que fui a buscar a Cartagena, y yo, ya nos amalgamamos saboreando las próximas aventuras. Siento que ya puedo mirar de otra forma. Sonrío de nuevo, me saludan todos los vecinos.

Ahora nos encontramos en la etapa de enamoramiento, realizando las reformas pertinentes para que tengamos las comodidades necesarias. Es una etapa de transformación, crecimiento y desarrollo, donde con pocos recursos estoy procurando armar mi nuevo hogar;  los amigos siempre están presentes,  y la ansiedad cobra un papel un tanto perjudicial para alguien como yo. Pero no. Paciencia, descanso, y el sabor de la conquista. Me intriga cómo continuar, cuántas cosas nuevas van a llegar en los próximos capítulos. Cómo será la chica valiente, la chica lunar.

El sustento de mi viaje tiene una nueva inspiración. Cuando regresé, no encontraba las palabras para contarle a mi gente como yo había vivido todo esto. Me encanta escribir, pero en este caso estaba paralizada. Pensé que podía ser más seductor intentar comunicarlo mediante la imagen, por eso el video que  además de contar cómo fue esta aventura, trasmite mi emoción por lograr esto, y  de esta manera provocar o conmover a los duros que sienten algunos titubeos a la hora de tomar algunas decisiones. Mi nueva misión es conseguir los recursos necesarios para la realización y aprendizaje en imagen, edición y fotografía. También quiero aprender a tocar una guitarra, aunque siempre fue el instrumento con el que sentí más distancia. Tampoco, en mi vida quise surfear y ahora pasa a mi lista de cosas por hacer.

¿Hay algo imposible para mí? No. Si quiero, automáticamente será posible, real y verdadero. Como ahora quiero mucho salir a la carretera, con la música alta; cruzar sonrisas cómplices con otros carros, tocar la bocina. Debo visitar a Víctor, el mecánico.

De la posibilidad de sugerir

No te rindas, nunca. Para mí fue necesario tocar el fondo. Ahora se viene a mi mente como salí a flote entre toda la miseria. ¿Qué pasó un día? Me recobré, me quise, pensé en mi viaje, en lo feliz que fui haciéndolo, y en la cantidad de  imágenes, de paisajes, de amores nuevos que no iba a contemplar si me quedaba quieta. ¡Qué ridículo! Me desperté.

¿Tú qué hubieras hecho?

Quiero hacerles una invitación a este viaje, a descubrir conmigo, pasear por Latinoamérica; a mirar, a sentir  y algún día volver a casa. A soñar conmigo, con todos los sueños que van arriba de Melody, a entender que el mundo es nuestro, hermoso. Me siento orgullosamente ingenua de pensar que si todos fuéramos viajeros las cosas serian diferentes. Por favor, podemos estremecernos juntos con las historias, podemos motivarnos a salir de la burbuja, a intentarlo. Por favor, podemos compartir. .Ahora que vivo este presente soy radiante. Viva.

Resiste, la recompensa es aún mayor. No lo abandones. Y esto lo quiero decir en Argentino; “soña, amá, queré, alcanzá, llorá, VIAJÁ!” ¿Qué mas contar de esto? ¿Cómo piensas que me siento?  De un hueco abismal pegué el salto más alto para  volver a empezar y brillé.


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La Kombi del Mundo

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