Mi visita a The White Temple y toda la odisea que tuve que vivir para volver a mi hostel

10 min


¿No les ha pasado que casualmente se quedan varados en algún lugar donde no hablan su idioma y nadie entiende lo que quieren decir?
Ahora, imagínense esa situación sin poder encontrar transporte a tu destino, con poco dinero, en donde pasar una noche en un hostal no es opción y tampoco dormir en la calle.
Pues como comenzaba el programa mexicano de TV “Mujer, casos de la vida real”: acompáñenme a ver esta triste historia.

El día comenzó muy temprano en el hermoso Chiang Mai, al norte de Tailandia, luego de haber viajado 20 días por Vietnam, Camboya y otros lugares del Reino de Tailandia.
Al terminar un “nutritivo” desayuno mochilero de fruta, café y pan tostado con crema de avellanas, salimos para la “Arcade Bus Station”, en donde la línea de “Green bus” es la única que hace viajes a Chiang Rai, o al menos eso nos dijo la chica de la oficina de informes, nuestro destino… ¡The White Temple!

Aproximadamente a las 8:30 de la mañana mi amigo y yo estábamos formados para comprar un boleto, justo detrás de un grupo de monjes que al parecer realizaban una excursión. Cuando llegamos al mostrador para comprar el boleto de las 9 am, la vendedora, con un rostro malhumorado, nos comenta que solo quedaban boletos para la salida de las 10:30… Nos pareció imposible esperar tanto tiempo así que fuimos a preguntar si había alguna otra línea que viajara para Chiang Rai o al menos se acercara… pero no, Green Bus era la única que viajaba para allá.
No pasaron ni 5 minutos cuando ya estábamos de nuevo con la señora mal encarada, quien malhumoradamente nos informó que el bus de las 10:30 estaba lleno y que el siguiente  salía a las 11 de la mañana.

Decidimos pasar al Familiy Mart para comprar algo con que llenar el estómago y luego de algunas horas de espera, emprendimos el viaje la ciudad de Chiang Rai, en un asiento cuya palanca para reclinar el respaldo se encontraba roto, de tal modo que el respaldo del asiento no se lograba ajustar y la duración del viaje era de tres horas y media .
Había leído que había distintas categorías de bus que viajan para allá, desde la más económica hasta la VIP. De hecho preguntamos por todas ellas, pero nadie nos logró explicar donde podíamos adquirir los boletos… y si, también error nuestro no investigar más a fondo.

El plan original era llegar a la estación de buses de Chiang Rai, la cual se encuentra a 15 minutos del templo, comprar el boleto de regreso, movernos rápido al “White Temple”- ya que llegaríamos a las 2 de la tarde aproximadamente-  y luego aprovechar las pocas horas que quedaban para disfrutar de todas las atracciones que queríamos visitar. Sin embargo, en algún punto de la carretera, alguien dentro del camión grita: “¡WHITE TEMPLE!”, por lo que mi amigo y yo despertamos desconcertados, sin saber si bajar o no al momento que el bus se aparcó a un lado de la carretera, tomamos nuestras cosas y bajamos lo más rápido posible.
Estábamos literalmente en medio de la carretera, hacia un lado sólo campo y al otro lado algunas casas. Ignorando si estábamos en el lugar correcto, sin taxis que pasaran cerca, decidimos caminar entre las casas, hasta que de pronto afortunadamente frente de nosotros apareció una imagen de un sujeto parecido a algún comediante o artista local en tamaño real con los brazos levantados, aún no se si en posición de invitación a pasar o retando a un duelo de Kung fu, ¡Quien resultó ser artista de tan majestuoso lugar!

La impresión que causa el “Wat Rong Khun”, comúnmente conocido como “White Temple”, no tiene descripción que haga justicia a lo que los ojos perciben y la memoria guarda. Los acabados, los detalles, las cabezas, los personajes, los mosaicos, los contrastes, el brillo al sol reflejado en los blancos de todo el lugar, y ese… bizarro, pero magnífico y excelso mural que se encuentra dentro del templo, hacen sentir a uno que está dentro de un viaje sin sentido. Como si estuviera dentro de esas caricaturas en donde el personaje está bajo alguna droga y entra a un mundo donde se mezclan todos los colores, a la par que de fondo se escucha la canción de Iron Butterfly, In a gadda da vida.
Realmente es impresionante la complejidad del concepto arquitectónico y artístico que Chalermchai Kositpipat plasma en su obra.
No hay descripción para el momento en que te encuentras frente al puente de entrada y observas lo que podría ser interpretado como alguno de los infiernos de Dante Alighieri, o bien, podría ser alguna representación de ánimas atrapadas en el purgatorio, con manos que se levantan tratando de escapar, o tal vez intentando atraparte para atraerte a su tormento y miseria, mientras que otras levantan cráneos y jarrones para que el turista aproveche y lance una moneda.
Cruzando este hermoso tormento, se encuentra la entrada a un puente custodiado por dos deidades, la muerte y Rahu, quienes en un tono iracundo y señalándote con un dedo, parecen juzgar si eres digno de pasar o no.

Cruzar ese puente y observar cada detalle es un deleite, salvo por el sujeto que está sentado apresurándote para que pases hasta la entrada del templo. Claro que yo también apuraría a todos después de pasar quién sabe cuántas horas bajo el sol a más de 35° C… quizás incluso lo haría con peor humor

Entrar al templo es la sensación más conflictiva e impresionante. Desafortunadamente, tomar fotografías está prohibido en esta parte, pero es un pretexto perfecto para pensar “tengo que volver a este lugar”, pues a 21 años de que se inició su construcción, ya es toda una obra de arte y se estima que el templo será terminado en el año 2070. Si con lo que tiene ya es “Mind blowing”, ya lo quiero ver en al menos 30 años más.

La primera imagen al entrar es un mural enorme de un buda iluminado, que se alza a lo largo y ancho de la pared. Pero lo realmente impresionante se presenta al dar media vuelta y ver a contra pared la imagen del demonio o deidad Mara, quien, según la mitología, intentó evitar que Siddharta Gautama alcanzara la iluminación.
Ahí se puede observar cómo de las fauces del demonio salen personajes que jamás imaginarías en un templo, como son Pikachu, Batman, Superman, Darth Vader, Osama Bin Laden, Harry Potter, Goku, Michael Jackson, Spiderman y muchos más. A la par se muestra un fondo con un mundo en decadencia y destrucción, en donde por un lado  se  representa el atentado del 2011 contra las Torres Gemelas de Nueva york, mientras que en el otro se observa al  planeta Tierra siendo destruido junto a un volcán en erupción, acompañado de algunos demonios que a lo alto escupen fuego . Todo esto rodeado por unos labios que dibujan rostros de dolor, tormento y sufrimiento adornados con enormes colmillos y bigotes llenos de armas y misiles que apuntan a una inminente destrucción.

En los costados interiores del templo se encuentran representados dos caminos que se dirigen al buda, y aparentemente a la iluminación.
Por un lado, se observa el transcurso de la vida con personajes dentro de flores de loto que representan la enfermedad y la decadencia seguido de representaciones de la juventud y el crecimiento mientras que del otro lado se representan la ira, y el sufrimiento seguidos de la paciencia y la iluminación mientras más se acercan a buda. Es tan impresionante que nosotros nos quedamos al menos una hora y un poco más admirando cada pieza.
En algún blog leí que muchas veces cuando vamos algún templo, iglesia, o sitio arquitectónico, se escucha la frase “Imagínate cómo era este sitio en su apogeo”. Pues señores, este es uno de los sitios que podremos disfrutar durante su construcción y su apogeo.

Al salir del templo, los árboles dejan caer cabezas con algo que aún sigo sin descifrar si era barba (representada), o bien las cabezas se encontraban vomitando algo, pero lo curioso es que las cabezas no solo muestran demonios o criaturas, sino que también hay cabezas de personajes como Wolverine, Capitán America, Maléfica, Thor, Hulk, Alien, Depredador, Gollum y algunas otras que te arrancan una sonrisa y un pensamiento de “realmente este sujeto se dio un buen toque”.

El tiempo pasó tan rápido que después de haber tomado algunas fotografías, nos dimos cuenta que teníamos solo una hora con veinte minutos para alcanzar el autobús de las seis de la tarde, que según habíamos visto era el último que regresaba a Chiang Mai. Era imperativo tomarlo, pues al otro día teníamos reservada una actividad con la gente de Elephant Nature Park para visitar un santuario de elefantes, quienes nos recogerían a las ocho y media de la mañana.
Salimos del templo pensando que teníamos suficientemente tiempo para volver, pero no tomamos en cuenta  el costo de taxi o tuk tuk a la central de camiones. Para nuestra desgracia habíamos decidido dejar casi todo nuestro dinero bajo llave en el hostal en Chiang Mai, por lo que íbamos con un presupuesto justo.
El conductor de un tuk tuk colectivo nos vio cara de turistas y quería cobrarnos aproximadamente 500 bahts tailandeses por persona para llevarnos directo en ese momento, lo que equivale a 270 pesos mexicanos aproximadamente. Tras nuestro intento por regatear, la única opción que nos dio fue de esperar que el colectivo se llenara y nos cobraría 40 bahts.
Tras media hora de espera partimos para la central.

Llegamos a tiempo a la estación de bus, que se encuentra en medio de un lote baldío, o eso era lo que parecía, la cual sólo contaba con dos casetas para comprar el boleto de bus. Fuimos con toda seguridad a comprar nuestro boleto y creímos alcanzar uno a las 5:30 o 6:00 PM, pero para nuestra sorpresa, la chica de los boletos nos dice que no había lugar en ningún autobús y que el siguiente disponible… ¡era el de las 10 de la mañana del siguiente día!, ni siquiera había disponibilidad en alguno de los primeros a las 6 de la mañana.
Uno de los chicos que conocimos en el transporte colectivo que nos llevó a la estación, muy amablemente nos ofreció su ayuda por si teníamos que quedarnos la noche. Sin embargo, al parecer a su novia (o esposa) no le agrado la idea y al poco rato desaparecieron. No la culpo, pero tal vez si hubieran esperado un poco más, nos hubiera ayudado a reducir nuestra angustia.

Nos habíamos quedado sin opciones para volver, y con el poco dinero que teníamos en la cartera preguntamos qué otra opción podríamos tomar. Cualquier persona nos recomendaba tomar un taxi que podía cobrarnos entre 2500 y 3500 bahts por llevarnos a nuestro destino, sin embargo nosotros contábamos con poco más de 1500 bahts.
Se me ocurrió la útil idea de pedir un trozo de papel a la chica del mostrador de buses y escribir un cartel con la leyenda “CHIANG MAI PLEASE, NO MONEY “.  Mientras escribo esto me muero de risa al recordar el caos y la incertidumbre de cómo volver, pero en ese momento la risa solo reflejaba la preocupación y la angustia por la incertidumbre.

En vista del éxito no obtenido, estábamos con nuestro letrero por salir a la calle, cuando un sujeto de la base de taxis entre risas se acerca a nosotros y nos lleva con una familia que aparentemente estaban esperando a alguien. Con un intento por hablar Inglés con ellos, logramos entender que podrían llevarnos por 250 bahts, naturalmente accedimos al instante.
Pasados 15 minutos llega un tuk tuk colectivo en donde subimos aproximadamente 14 o 15 personas con camino a Chiang Mai, ¡Lo logramos!, o eso fue lo que pensamos. El tuk tuk avanzaba muy lento, por lo que pensamos que no era lógico que el carrito aguantara un viaje de 3 horas y media, y de ser así, tal vez se prolongaría hasta a 4 o 5 horas, sin embargo, estábamos ya en un coche con llantas y para nosotros eso ya era algo.

De pronto a la media hora que avanzamos el coche se detiene en medio de la carretera en donde con poca frecuencia pasaba otro coche. Nosotros no entendíamos qué estaba pasando pues el conductor se hacía de palabras con una señora y otro sujeto solo los veía, mientras discutían y la señora jalaba algunos costales. De pronto el tuk tuk se vacío y el conductor en un inglés poco, pero muy poco fluido nos indica que nos bajemos a lo que nosotros nos negamos, “This car, Chiang Mai” fue lo que le dijo mi amigo, y el conductor afirmó con seña de que nos bajáramos, a lo que volví a responder con lo mismo y el conductor repitió su respuesta.
-¡Money!, fue lo que dijo el conductor y entendimos que nos estaba cobrando a lo que le dimos los 250 bahts por persona que nos pidió, pero en un gesto de desaprobación nos indicó “¡No, more money!, one hundred “, a lo que le dimos 100 bahts más por persona pero el sujeto seguía insistiendo que nos bajáramos hasta que vimos a la gente abajo caminar, y bien dicen, sigue a la manada; así que bajamos y vimos que todos se empezaban a subir a una Pick-up, por lo que no tardamos en acomodarnos con la familia.
En un intento de comunicarnos con ellos, salvo el saludo “Sowadi”, lo único que logramos entender fueron sonrisas y gestos del tipo “Estos sujetos no son de aquí, seguro se perdieron”, dado que ninguno hablaba inglés salvo el chofer.
Al principio pensamos que sería un viaje fácil, cosa de recargarnos bien en algún punto e intentar dormir, pero no contábamos con que el conductor fuera doble de Dominic Toretto (Vin Diesel) en las películas de Fast & Furious, y que el sujeto se olvidaría de que ya no estaba en la filmación.
En algún punto alcance a ver que el tacómetro pasaba los 160 km/h, y en curvas no bajaba la velocidad. Cada bache que pasábamos era una sensación parecida a la de un roller coaster, solo que, sin cinturón de seguridad. Incluso logramos ver como pasábamos otros coches sin problemas, mientras que al frente parecía que podríamos chocar con el siguiente coche que se acercaba en contraflujo. Me hubiera gustado haber colocado las piernas o las rodillas de tal modo que pudiera apoyarme en algo, pero a este punto las piernas se encontraban tan dormidas que los golpes de cada bache resultaban solo en una sensación de calambre.

Pasadas casi las 4 horas, llegamos a Chiang Mai, enteros, con una sed terrible, y de la peligrosa, de esa sed que acabó con la carrera de Jose Jose… ¡Lo habíamos logrado! Por lo que acto seguido procedimos a celebrar con unas cervezas y unos noodles del seven eleven (créanme, intentamos encontrar algo mejor abierto y lo único era un McDonald’s), solo para recordarnos la importancia de comprar con anticipación los tickets de transporte.

Ahora la siguiente vez que regrese a la “Arcade Bus Station” de Chiang Mai y vuelva a ver a la señora mal encarada de los buses, le pediré amablemente:
-Por favor, cóbreme el doble para que se me quite lo … “inserte su insulto aquí”.


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Ricardo Galvanz

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