Pudieron recorrer Chile sin dinero, solamente intercambiando chocolates

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Sitúense en mitad de una semana de intenso estudio en una biblioteca, en este caso, en Santiago de Chile. Nosotros, dos amigos universitarios que nos habíamos conocido hace unos meses, nos encontrábamos haciendo un intercambio estudiantil, no conocíamos el país en el que estábamos y nos poseía un deseo inmenso de recorrerlo de arriba abajo.

Ya nos habían hablado de la impresionante belleza que se podía encontrar en el Sur de América y que como europeos ninguno de nosotros estaría acostumbrado a ver los tipos de paisajes y perspectivas que se encuentran en este precioso continente. Así nuestros deseos de descubrir todo el país era muy grande.

En esa biblioteca, aunque no estaba permitido comer, siempre comíamos el chocolate Super8, esto era una forma perfecta de hacer un descanso de toda la semana de estudios y mientras forzábamos a nuestras mentes a pensar creativamente para hacer un viaje alrededor de Chile de manera creativa, económica y que maximizara las interacciones con el pueblo chileno. Nuestro primer paso fue buscar ofertas de vuelo lo que resultó un completo fracaso, ya que no eran atractivas y las fechas no coincidían, necesitábamos pensar más…

Para nosotros ya era sabida la importancia del chocolate Super8 en Chile. Se vende por todos lados y no conocí a ningún chileno que no le encantara. AL llegar a Chile entiendes lo que significa ese producto en el país. Por lo tanto, teníamos la solución creativa en nuestras narices: un elemento económico, fácil de transportar, que aguantaría unos días de viaje y que a los chilenos les encantaba. Viajaríamos entonces sin gastar dinero intercambiando Super8 por transporte, alojamientos o aventuras…

Cambiamos Super8 por viaje

Como buenos viajeros que somos, unimos la posibilidad de interactuar con los chilenos con nuestra pasión de recorrer un nuevo país conociendo su gentes y su tierra. Y así empezamos, sin más recurso que nuestras piernas, nuestra sonrisa y un buen número de Super8 salimos a la carretera con un cartel de cartón que decía que pagábamos con chocolates. Saliendo desde Santiago de Chile viajamos más de 1000 km, llegamos hasta la ciudad de Concepción, 500 km al sur, y volvimos recorriendo la costa chilena. En concreto el primer día empezando en Santiago de Chile y llegamos hasta Talca, encontramos rápidamente un auto dispuesto a cambiar uno de nuestros chocolates a cambio de llevarnos. Desde allí nos costó mucho llegar hasta Chillán, una vez que lo conseguimos logramos ir hasta Concepción para regresar hasta Santiago pasando por las ciudades costeras de Tomé, Dichato y Vegas de Itata, para llegar hasta la bonita ciudad de Constitución, terminando nuestra ruta, sin pasar antes por Rancagua.

Cambiamos Super8 por alojamiento

En toda esta aventura hemos tenido distintos tipos de situaciones, hemos sentido miedo, hemos sentido cansancio, energía y alegría, hambre, sed y calor. Hemos probado comidas tradicionales chilenas y sobre todo hemos disfrutado de la amabilidad de su gente. Aunque, como en cualquier aventura que se emprende existen miedos iniciales,el viaje salió genial, de hecho ni siquiera llegamos a gastar el total de los 100 Super8 que teníamos planteados para nuestros intercambios. Esto no quita que, por supuesto durante el viaje nos encontramos con reacciones “no tan positivas”, por decirlo de alguna manera. De hecho, en el primer sitio en el que preguntamos si querían dejarnos entrar a su hostal, a las 23:00 de la noche, siendo nosotros dos extranjeros, solamente intercambiando nuestro alojamiento por un buen número de chocolates nos miraron sorprendidos, desconcertados e incrédulos…

Al final, terminó funcionando a la perfección, y terminamos regalando una caja de Super8 de manera simbólica en todos los sitios donde nos dejaban pasar la noche.

Estábamos seguros de que este país tenía algo para nosotros ahí fuera y no cabía duda que sabíamos que con este viaje llevaríamos al límite nuestras capacidades, nuestra creatividad y nos fundiríamos de lleno con el pueblo chileno. Además, una cosa si tenemos clara: HAY QUE VIAJAR. Sea como sea, pero hay que moverse. Por supuesto no puede subestimarse lo que significa viajar: el día antes de emprender esta aventura nos encontrábamos desconcertados, teníamos miedo de que podíamos encontrar en el camino, y siendo además algo distinto y original no podíamos imaginar cómo iban a reaccionar las personas con las que nos cruzaríamos en la ruta. Sin lugar a dudas, todo podía salir muy mal y estábamos preparados física y mentalmente para todo, pero nuestras ilusiones y energías superaban todos esos miedos, porque cuando alcanzas a superar ese límite del miedo que te impide dar el siguiente paso, pasas de un extremo a otro: de estar perdido a encontrarte conociendo mundo, de sentirte indefenso e inseguro a pletórico de energía. Hay que viajar. Hay mucho para descubrir, y como alguien dijo: quién no conoce, no AMA; y si quieres amar, prepárate para conocer.

Todo viajero sabe que viajar tiene un poco de arte, de humano, de histórico y de vida. Hay que viajar, y hay que hacerlo de manera consciente; no vale con verlas venir, hay que forzar los sentidos, abrirlos bien, analizar, profundizar, comparar, entender y volver a preguntar. El mundo tiene demasiados secretos repartidos en el planeta tierra como para quedarse en casa y este viaje ha sido toda una prueba de ello.

Después de haber vivido una experiencia así, las sensaciones que se guardan en nuestro interior son: aún más ganas de viajar y conocer, valentía, sentimientos positivos sobre el ser humano, sobre el amor a los demás, sobre perseguir tus sueños, un encanto extraordinario del continente Sudamericano, y ganas de seguir viviendo creativamente. El día que regresábamos del viaje estábamos tan contentos que dedicábamos una gran sonrisa a todas las personas que nos cruzábamos, y eso solo debe ser positivo.

Los dos integrantes de esta experiencia somos buenos viajeros: entre nuestras aventuras cuenta haber cruzado el norte de Argentina a pie, el desierto de Turkmenistán, habernos movido a pie en la India o cruzar desde Turquía a Italia en barcos y trenes; sin embargo, con toda seguridad podemos decir que este viaje, por lo único y creativo de la experiencia, es el que más nos ha apasionado. Ha sido divertido, complicado, intenso y original… se han juntado los suficientes ingredientes y personas para que haya creando recuerdos en nuestras mentes difíciles de olvidar.

Ahora queremos compartirlo con vosotros y con los mayores de los deseos de que disfrutéis esta experiencia junto a nosotros Queremos que los conceptos juventud, energía, amistad, creatividad y pasión se reflejen en todas vuestras caras mientras veis el vídeo.


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