Recorrí Gran Canaria en moto durante 3 días y esto es lo que sucedió

6 min


Salí de casa con una mochila que parecía que iba a explotar. Llevaba tienda de campaña, saco de dormir, esterilla, ropa, comida y hasta un equipo de snorkel. No sé muy bien cómo, pero conseguí pasar la mochila como maleta de mano y embarqué en el avión dirección a Gran Canaria, capital de las islas.

Estuve casi una hora encerrado en el avión por un retraso y pasé una noche malísima intentando dormir en el aeropuerto (mi presupuesto era muy ajustado), pero todo esto mereció la pena, y veréis por qué.

Día 1: Hacia el Sur en moto

Amanezco en el aeropuerto con ojeras y una pesada mochila a cuestas. Me dirijo hacia Las Palmas, la ciudad más grande de todas las islas, donde conozco a la que será mi mejor amiga durante las 72 horas que voy a pasar en Gran Canaria: una scooter de 125cc con la que voy a recorrer más de 300 kilómetros. Si no os parecen muchos kilómetros, no conocéis las carreteras de Gran Canaria…

Mi primer día pensaba dedicarlo en parte a bucear en algunas de las mejores playas del este de la isla, como la Playa de la Laja o la Playa del Cabrón (su nombre viene por un conquistador español, no penséis mal). La primera de ella la encuentro desierta, con una bandera roja que parece que va a ser arrancada del asta por el fuerte viento.

En la segunda, protegida por paredes rocosas, no hace tanto viento y voy directo al agua. Aun así, está el fondo muy revuelto y no consigo ver mucho buceando. Empieza el viaje con mala pata… pero me han dicho que las Canarias eran el paraíso y tengo que llegar al fondo del asunto.

Con fuerzas renovadas prosigo mi viaje hacia el sur, donde me han comentado que hace mejor tiempo. Y es aquí donde me encuentro con el primer lugar que me deja boquiabierto: las dunas de Maspalomas, que haré bien en llamar el desierto de Maspalomas.

Las dunas en este desierto llegan a alcanzar los 20 metros. Siempre he soñado con visitar el Sahara y pasar una noche allí, pero este lugar no se queda corto. Tengo entendido que, con suerte, puedo cruzarme con un gran lagarto canario (de hasta 80 centímetros) o una abubilla, característica de los desiertos. Me doy cuenta de que andar por el desierto escalando dunas es extenuante.

También influye que llevo una mochila pesada a la espalda y no he dormido más de 3 horas. Pronto me refugio en unos arbustos a comer y admiro el paisaje. Desde allí veo el faro de Maspalomas, uno de los más antiguos de la isla, y leo en mis apuntes que Cristóbal Colón hizo escala en Maspalomas en uno de sus viajes a América en busca de provisiones.

Estoy muy cómodo refugiado a la sombra, pero me he alejado demasiado de la civilización y me queda un largo camino hacia la moto, así que reanudo la marcha. Al salir de Maspalomas me encuentro con otro gran reto: llegando a los barrancos de Tirajana un viento huracanado me desequilibra constantemente de la moto.

Por si no os lo he dicho aún, no tengo experiencia manejando una moto. En España puedes utilizar una moto de hasta 125cc con el permiso B (coche) y eso hice. “Como una bici pero sin pedalear”, pensé felizmente.

Tras superar el reto y atravesar los barrancos de Tirajana (impresionantes, por cierto), llego al centro de la isla, donde he localizado una zona de acampada legal: los Llanos de la Pez. Previamente he hecho una parada en un enclave arqueológico de gran importancia en la isla: la Fortaleza de Ansite. Cuando los españoles tomaron la isla, este fue uno de los últimos puntos de resistencia que encontraron por parte de los guanches, antiguos habitantes de la isla.

Día 2: amanecer en el Roque Nublo

Aproveché la noche para descansar, encendiendo una hoguera para cocinar y compartiendo una botella de vino con David, un catalán que conocí y que estaba recorriendo la isla a pie. Así, por la mañana me levanto a las 6 de la mañana completamente despejado y sin necesidad de despertador. Mi objetivo es ver el amanecer en uno de los puntos más altos de la isla. Con la ayuda de una linterna atravieso el bosque para acortar camino hacia el inicio del sendero, pero me acabo perdiendo por estar todo oscuro y no tener puntos de referencia.

Tras dar varias vueltas a ciegas, escucho un coche pasar y me dirijo hacia la fuente del sonido, encontrando la carretera. Prosigo entonces por carretera hacia el inicio del sendero, tras haber perdido 40 valiosos minutos que me harán llegar tarde al espectáculo, pero no por ello deja de merecer la pena.

Me encuentro sobre las nubes, de donde solo emergen riscos volcánicos y algunos fragmentos de bosque color verde intenso. En la lejanía observo la silueta imponente del Teide, un volcán en la isla vecina de Tenerife, a más de 40 kilómetros.

A la sombra del Roque Nublo, desayuno mientras observo la evolución del sol. Leo en mis apuntes sobre la formación del Roque y su historia. Se formó en una brecha de magma volcánico y para los guanches era un lugar sobrenatural en el que realizaban ritos religiosos. Curioso, ¿no?

Mi ruta ahora sufre una pequeña modificación debido a que ando escaso de combustible. Gracias a esto, conozco el pueblo de Tejeda, lo cual fue una gran suerte. Sigo rumbo a la costa este de la isla, donde me encuentro con algunas de las carreteras más peligrosas por su inclinación, el poco espacio disponible para circular y la cantidad de curvas cerradas sin visibilidad. Y tras casi un par de horas de concentración y maniobras calculadas, llego a la Cola de Dragón…

La Cola de Dragón es un conjunto de acantilados en forma aserrada que se asemejan a la cola de este animal mitológico. Se observan desde el llamado Mirador del Balcón junto a una espectacular visión del Teide, que emerge del océano imponente y es visible a pesar de la considerable distancia que nos separa.

Mi siguiente parada es otro lugar con un carácter un tanto místico: el Dedo de Dios, en el municipio de Agaete. Al ir subiendo al norte me encuentro de nuevo con viento y nubes grises. Es por eso que cuando llego a las increíbles aguas que rodean al Dedo, no puedo bañarme. El dedo era una formación rocosa que señalaba al cielo y resultaba cuanto menos curiosa. No parecía natural, por eso se le llamó Dedo de Dios.

Por desgracia, se derrumbó hace varios años con la tormenta tropical Delta y ahora recibe el nombre de Risco Partido. Me encamino hacia Gran Canaria. Se me acaban las horas y aún tengo varios puntos que conocer. Mi primera parada será Roque, un pueblo que se adentra más de 300 metros en el mar y sobre el cual las olas rompen furiosas. Una de las cosas que más me llama la atención de este pueblo es un hombre pescando desde su balcón…

Mi última parada antes de las Palmas es Arucas, un pueblo situado en la falda de un volcán extinto. Sí, os dije que las islas eran de origen volcánico… Allí visito la impresionante Catedral de Arucas y paseo por alguna de las calles más representativas. Me surge un problema grave y es que he estado dando vueltas sin ser consciente de la ruta y ahora no sé ni donde estoy ni donde he aparcado la moto.

Por suerte, solo tardo 15 minutos en encontrarla y acelero dirección Las Palmas antes de que se haga de noche. Allí me espera una cama, una ducha y quizá hasta comida caliente. He reservado un hostal muy económico para el último día (12 euros la noche). Necesito descansar y debo devolver la moto antes de las 10 de la mañana.

El ambiente en el hostal es genial y conozco a mucha gente de diversos países. Esa noche alguien me comentó una cosa que no había pensado y es que, dado el tiempo tan cálido todo el año en las islas, es en invierno cuando más turistas vienen, no en verano.

Día 3: Las Palmas de Gran Canaria

Por desgracia, el viaje se acerca a su fin. Me quedan apenas unas horas para que mi avión despegue así que dedico mi última mañana a recorrer Las Palmas, la capital. Además de que la arquitectura del centro histórico me resulta muy curiosa (tienen una catedral de piedra volcánica…), quedo encantado con el trato de los locales.

Es algo que había estado observando durante todo el viaje, te tratan de maravilla y eso se suma a que su acento es muy simpático y suena cariñoso. Una de las cosas que más aprecio mientras más viajo es el sentirme bienvenido en el lugar y eso la isla lo ha conseguido.

Me he quedado con ganas de volver y además, en todo momento, el volcán Teide en la isla vecina me ha estado tentando… ¿Estaréis aquí para vivir mi próxima aventura en las islas? ¡Sígueme!

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