Un documento árabe del siglo XVI hallado en Sudán confirma la existencia del legendario rey Qashqash

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Un pequeño fragmento de papel de apenas 10 por 9 centímetros, encontrado en el yacimiento de Vieja Dongola, al norte de Sudán, está reescribiendo la historia de Nubia. Se trata de una orden real redactada en árabe entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII que confirma la existencia del rey Qashqash, hasta ahora considerado una figura semilegendaria.

El hallazgo, analizado por un equipo de la Universidad de Varsovia y publicado en la revista Taylor & Francis, ofrece una imagen muy distinta a la que transmitieron algunos cronistas de la época: en lugar de un monarca permanentemente en guerra, muestra a un soberano implicado en intercambios comerciales y en la gestión cotidiana del poder.

Un rey gestionando telas y ganado

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El documento, redactado por un escriba llamado Hamad y dirigido a un subordinado llamado Khidr, detalla un intercambio de bienes: tres unidades de un producto denominado ‘RDWYAT —posiblemente un tipo de tejido— a cambio de una oveja y su cría. En el reverso, el rey ordena entregar paños de algodón y recoger ganado para completar la transacción.

Más que un simple trueque, los investigadores interpretan el texto como un acto de “micropolítica”: una estrategia para reforzar alianzas sociales y consolidar redes de prestigio entre comerciantes, élites locales y el poder real.

Esta visión contrasta con la imagen difundida en el siglo XVI por el diplomático marroquí Leo Africanus, quien describía al rey de Nubia como un gobernante siempre en guerra.

La transición de Makuria

El documento se sitúa en un periodo crucial: la transición entre el antiguo reino cristiano de Makuria y la progresiva islamización de la región bajo la influencia del Sultanato de Sennar y el Egipto otomano.

Fue hallado en la llamada Casa del Mekk, un gran edificio en la ciudadela de Dongola asociado a las élites locales. Allí aparecieron también tejidos de lino, algodón y seda —reservados a la aristocracia—, un anillo de oro, restos de armas de fuego y monedas acuñadas durante el reinado del sultán otomano Murad IV (1623-1640), lo que permitió acotar cronológicamente el hallazgo.

Datación y fuentes históricas

El documento no está fechado, pero las monedas encontradas en la misma sala establecen que no pudo depositarse antes de la segunda mitad del siglo XVII. Además, pruebas de radiocarbono sitúan el momento en que fue desechado entre 1735 y 1778.

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Para precisar aún más la cronología, los investigadores recurrieron al Kitab al-Tabaqat, obra del erudito sudanés Wad Dayfallah, que menciona a un rey llamado Kashkash —variante de Qashqash— como antepasado de importantes figuras religiosas del siglo XVII. También el viajero otomano Evliya Çelebi confirmó la relevancia de la región en esa época.

La conclusión es sólida: Qashqash gobernó probablemente entre la segunda mitad del siglo XVI y comienzos del XVII. Por primera vez, un personaje relegado a la tradición oral puede situarse en un marco histórico verificable.

Un puente entre pasado y presente

El hallazgo tuvo además un efecto inesperado. Comunidades locales de aldeas cercanas, como Ghaddar, Bukkibul y al-Ghaba, que afirman descender del rey, comenzaron a colaborar con los arqueólogos y a recopilar su propia historia familiar por escrito.

Así, un fragmento de papel enterrado durante siglos no solo ha iluminado el pasado nubio, sino que también ha reforzado la memoria colectiva y el vínculo entre tradición oral y evidencia arqueológica.

En un continente donde la escasez de fuentes escritas dificulta la reconstrucción histórica, pequeños documentos como este se convierten en piezas clave para devolver voz y contexto a sus protagonistas.

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