Un empresario argentino quiere comprar el águila nazi del buque alemán Graf Spee para hacerla “volar en mil pedazos”

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Continúa la polémica sobre el futuro de un águila de bronce que fue parte del mascarón de proa de un buque alemán nazi Graf Spee que se hundió en 1939 en las costas de Uruguay cuando escapaba de naves británicas. Ahora, un empresario argentino quiere comprar ese símbolo de la segunda guerra mundial que la Justicia ordenó al estado uruguayo poner en venta para pagarle a los hermanos que la devolvieron a la superficie luego de 67 años, en 2006.

Daniel Sielecky, con residencia en Punta del Este, es el empresario que -enterado de la determinación de la Justicia- se presentó como posible comprador del águila de bronce que mide 2 metros de alto por 2,80 de ancho, pesa unos 300 kilos y que se posa sobre una esvástica nazi.

Tras más de diez años de litigios, fue a fines del año pasado, que la Justicia uruguaya falló a favor de los hermanos Felipe y Alfredo Etchegaray, que habían denunciado al Estado de ese país porque no había cumplido con el pago correspondiente luego de un contrato para que ellos extrajeran los tesoros del buque hundido. La solución fue que, con la venta del águila, se le pague a los Echegaray por la hazaña de devolver a la superficie tanto la inmensa figura de la proa como diferentes objetos hallados en el buque.

Pero el empresario Sielecky, de esos “tesoros” de relevancia histórica, solo quiere comprar el águila y su intención no es exhibirla.

“Una vez que la tenga en mi poder, de inmediato, la haré volar en mil pedazos. Cada trozo que resulte de la explosión será pulverizado”, “No quedará nada”, dijo en una entrevista con el medio local, Correo de Punta del Este.

Ante la polémica que había estallado sobre qué se debería hacer con esa pieza del nazismo, Sielecky está del lado de quienes no desean que el águila se transforme en un objeto de culto para los simpatizantes del nazismo.

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Quién es Sielecky

El empresario argentino Sielecky es vicecomodoro del Yacht Club Punta del Este, es dueño de veleros y una figura conocida en Punta del Este por ser un amante de la navegación.

Tras hacerse pública la intención de Sielecky de destruir el águila, uno de los hermanos que extrajo el águila, Alfredo Etchegaray, dijo que se la podría convertir en un homenaje a las víctimas del Holocausto.

Es por que hace unos años él se había contactado con el museo temático Yad Vashem, pero obtuvo una respuesta de rechazo.

En medio de la decisión judicial, el gobierno alemán buscó evitar una venta del águila en el mercado para que no cayera en manos de personas que veneran el nazismo. Para el gobierno en Berlín, lo ideal sería que el águila termine en un museo.

Por su parte, el Centro Simon Wiesenthal, institución dedicada a documentar el Holocausto judío, emitió en julio del año pasado un comunicado en el que su director para América Latina, Ariel Gelblung, indicaba ante “la inminente subasta” del águila que “debe advertirse a los potenciales compradores que de no darse a los objetos el destino (pedagógico) de advertencia, la subasta deberá considerarse nula”.

El presente del águila

El símbolo de una de las épocas más trágicas de la historia de la humanidad hoy se encuentra en un depósito a la espera de que el Estado uruguayo la ponga en subasta.

En junio de 2019, la Justicia resolvió en primera instancia que se venda el águila, es decir, “disponer y realizar la enajenación onerosa y la distribución del producido de la venta del telémetro y el águila rescatados” en un 50 % para el Estado y 50 % para los hermanos y el buzo Héctor Bado, ya fallecido para ese entonces. Pero en junio del año pasado, en plena emergencia sanitaria por la pandemia de coronavirus, el Estado optó por apelar el fallo y dejó a un lado la posibilidad de conciliar con los demandantes.

Fuente: La Nación

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2 comentarios

  1. ¿Y si dona ese dinero a las escuelas rurales o a los hospitales de pueblitos abandonados por el gobierno, en lugar de sacar esa porquería del fondo del mar, qué solo trae malos recuerdos al mundo civilizado?

  2. Daniel Sielecki podría adquirir además el Boeing B-29 «Enola Gay», que arrojó la bomba nuclear sobre la indefensa población civil de Hiroshima, Japón (objetivo no militar) en 1945 y destruirlo de igual manera que al emblema nazi del Graf Spee.
    Si es por Holocausto, después vinieron Nagasaki y las fritadas con napalm en Corea y Viet Nam…
    Salame.
    Salame con plata, además.

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