Un español descubriendo la ciudad colonial de Santo Domingo

Autor: laurent

Para un español pasear por la Ciudad Colonial de Santo Domingo es descubrir una parte de la historia de España y para todos es hallar el origen de la historia del nuevo mundo.

La “Ciudad Colonial” de Santo Domingo es la capital de la República Dominicana; ocupa las dos terceras partes de la isla La Española, haciendo frontera con Haití. Esta isla es la segunda más grande del Caribe después de Cuba. La superficie de la República Dominicana es de 48.440 Km, el punto más alto de la isla es el Pico Duarte, con sus 3.098 m de altura.

Durante mi último viaje me acomodé en el hotel Jaragua, como se le sigue conociendo, a pesar de llevar ya el nombre de su operador americano Renaissance. Quizás no sea el mejor hotel de la ciudad, teniendo en cuenta alguno de los hoteles que opera este mismo grupo hotelero como el JW Marriot Santo Domingo, pero es el hotel más emblemático y célebre de la capital; este año celebrará sus 75 años desde su apertura en agosto de 1942.
Además, otro valor añadido que ofrece este hotel a los clientes es su responsabilidad social; en estos momentos apoyan una bonita idea “Hogar Renacer” en Villa Mella, un proyecto que acoge a niñas en exclusión social ofreciéndoles oportunidades inclusivas.
El nombre de Jaragua le viene dado por ser uno de los cinco cacicazgos en los que se dividía la isla antes del descubrimiento de Cristóbal Colón. Rafael Colón, cantautor dominicano, conocido popularmente como la “espiga de ébano” se inspiró en este hotel para su bolero “Luna sobre el Jaragua”.

Estaba deseando de descubrir la ciudad colonial, así que a primera hora de la mañana salí del hotel y enfilé la Calle George Washington, también conocida como el Malecón para pasar por el “Obelisco Macho”, un monumento actualmente con pinturas de destacados artistas dominicanos y que se ha convertido en un homenaje a la “Resistencia Dominicana” durante la dictadura de Trujillo; seguí, al paso que el congestionado tráfico permite, hacia la ciudad colonial para disfrutar del encanto de la ciudad primada de América, con sus monumentos, calles y rincones, declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde el año 1990.

Fundada en 1498, seis años después del descubrimiento por Cristóbal Colón en 1492, Santo Domingo es la ciudad donde se construyó la catedral primada de América, el primer hospital, la primera universidad y la primera aduana del continente americano. La ciudad colonial fue construida con arreglo a un trazado en damero, con calles rectas y manzanas rectangulares que sirvió de modelo a casi todos los urbanistas del Nuevo Mundo.

Comencé mi recorrido desde la calle Palo Hincado, para pasar junto a la puerta de la Misericordia, de estilo renacentista y antes conocida como la puerta de Santiago o puerta Grande, el lugar donde se encendió la llama de la Independencia de la patria dominicana.
En esta misma calle se ubica el parque de la Independencia donde además se encuentra el Altar de la Patria; un mausoleo donde reposan los restos de los padres de la patria: Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Mella.
Frente a este parque traspasé el umbral de la puerta del Conde, donde se izó por primera vez la bandera dominicana para descubrir una de las calles más populares de la ciudad, El Conde, una de las primeras que se construyeron por europeos en América. Tiene un trayecto de un kilómetro, es la única calle peatonal de la ciudad y vio un resurgir durante la llamada “Danza de los millones” (1918-1921), una época brillante debido a la primera guerra mundial y que hizo que los productos como el cacao, café y sobre todo la caña de azúcar subieran de precio y tuvieran una fuerte demanda desde Europa. Después de estos años, durante los años 1924-1930 se construyeron los primeros edificios de hormigón, se instalaron los primeros ascensores en la isla y se representó en varios de ellos el estilo Art Decó. Actualmente se vienen rehabilitando interesantes edificios y el comercio que se puede ver está puramente dedicado a los turistas, con interesantes comercios de venta de cuadros.

Me había sugerido un recepcionista del Jaragua que en esta misma calle debía hacer un alto en el recorrido para degustar un buen café en “ La Cafetera Colonial” un local con solera abierto desde el año 1939 y que el fuerte olor a café produce una sensación de magnetismo al paso por este local. En este mismo tramo del Conde me sorprendió un novedoso jardín vertical que pone frescura a la fachada de un aparcamiento y que patrocina una importante marca de bebidas gaseosas.

Otros hoteles localizados en esta zona son el Monumental y el Boutique hotel palacio.
Sin dejar el Conde, continué hasta el Palacio Consistorial, primer ayuntamiento de América, junto al parque Cristóbal Colón donde también se encuentra la catedral primada, la primera que se construyó en América.
La mejor opción para disfrutar de esta plaza y del bullicio de la zona, es sentarse en el Café “El Conde” para saborear uno de sus excelentes y frescos zumos tropicales, por las tardes y noches músicos locales ponen son al calor tropical.
Sin abandonar este parque, se encuentran los museos de ámbar y de tabaco dominicano y al lado uno de los mejores restaurantes de la ciudad, “Jalao”, con una decoración autóctona y que ofrece una carta con interesantes platos de la cocina criolla amenizado por música dominicana en vivo.

La estatua de Cristóbal Colón preside la plaza donde se encuentra la catedral primada, consagrada a Santa María de la Encarnación y que fue construida por Alonso González en el siglo XVI. En 1546 el papa Paulo III, la elevó al rango de Catedral Metropolitana y Primada de América a petición del Rey Carlos I de España. De estilo gótico tardío con influencias renacentistas y platerescas en su puerta principal.
La Catedral no tiene torre con campanario y en su lugar se sustituyó por una simple espadaña con campanas, de esta manera se puso fin a un conflicto surgido por los habitantes de la ciudad quienes no querían que el campanario fuera más alto que la Torre defensiva de Ozama.
Tras visitar la catedral en el parque de Colón continué mi recorrido por la calle Isabel la Católica, dedicada a la Reina de Castilla y quien dio apoyo a Cristóbal Colón en el descubrimiento de América. En esta calle me detuve para ver otra interesante construcción “La casa del Cordón”, primera construcción en piedra que se levantó en la isla y quizás también la primera de dos plantas. Su nombre se debe al cordón que presenta en su fachada el cual se asocia con la Orden de los Franciscanos.

Seguí mi marcha, entre fachadas de color y balconadas con forja artística hasta llegar a la Plaza de España, también conocida como de la Hispanidad cuyo monumento más destacado es el alcázar de don Diego Colón. Esta construcción se levantó sobre un solar próximo a los farallones que miran al Río Ozama y fue una concesión del Rey Fernando “El Católico” al hijo primogénito de Cristóbal Colón para que pudiera vivir allí con su familia.
Este alcázar tiene influencias del palacio de Mancera de Abajo, en la provincia de Salamanca (España), ya que María de Toledo, hija de Don Juan de Toledo, se casó con el primogénito de Cristóbal Colón y se fueron a vivir a Santo Domingo como virreyes y gobernadores de la Isla.
Este emplazamiento es el lugar elegido por muchos turistas y oriundos para disfrutar del ambiente nocturno de la ciudad, una interesante oferta gastronómica le convierte en uno de los mejores espacios para disfrutar del enclave y de la alta cocina. Entre los numerosos establecimientos de la plaza, destaca el “Pat´e Palo” donde el chef venezolano Saverio Stassi ofrece una cocina de muy alto nivel. Otro buen restaurante de cocina italiana es “Ángelo”, con una terraza muy animada y unos productos de primera calidad. El restaurante “Altarazana” es el más antiguo de la ciudad colonial y ofrece una cocina colonial, un lugar perfecto para descubrir la fusión de la cocina del nuevo y viejo mundo.
Dejé la plaza de España para tomar la calle las Damas. Esta calle fue la primera que se creó en la ciudad colonial. Su nombre viene dado porque al principio de la colonia las damas de la época paseaban por ella con cierta frecuencia. En el primer tramo de esta calle se encuentra el Museo de las Casas Reales, el más completo y visitado por los turistas, de estilo colonial fue sede de la Real Audiencia, primer tribunal del nuevo mundo y cuya jurisdicción llegaba a otras islas del Caribe como Cuba, Puerto Rico y Jamaica. En este mismo edificio se instaló por los españoles la primera administración general, donde vivían los gobernadores, y Capitanía General donde también residieron los generales capitanes.
Reanudé mi recorrido por la calle las Damas, pasando por la capilla de Nuestra Señora de los Remedios y ver otro monumento nacional, “El Panteón Nacional o de la Patria”, un mausoleo donde se encuentran los restos de grandes personalidades de la patria. Fue una de las últimas construcciones hechas por los españoles en la isla y sirvió de capilla a los jesuitas hasta su expulsión de la isla; es aquí donde solían ofrecer la misa de espaldas a la congregación para poder estar frente al altar. Para custodiar el monumento hay una guardia de honor formado por la guardia presidencial, pulcramente vestidos. En el interior del mausoleo se encuentra una gran lámpara de forja, regalo del dictador español Francisco Franco a su homólogo el General Rafael Trujillo, cuyos restos se encuentran en un panteón en el cementerio de El Pardo (Madrid), por expreso deseo de su última mujer de nacionalidad española.
A pocos pasos se levanta el Hotel Nicolás de Ovando, actualmente gestionado por la cadena hotelera nacional Hodelpa. Fue la residencia de Ovando (nacido en Cáceres 1460) gobernador de la isla desde 1502 a 1509. El edificio se construyó en 1502, con cerca de 100 habitaciones es uno de los mejores hoteles de la capital dominicana. La gastronomía en su restaurante “Dos Mundos” es toda una experiencia que no te puedes perder; una carta que alterna los platos con textos de poemas de Joan Manuel Serrat y Manolo Tena. Dirigido por el laureado chef dominicano Martín Omar, formado durante 20 años en cocina española, ha sido además discípulo de Abraham García, chef del prestigioso restaurante “Viridiana” en Madrid. Junto a él, Víctor Sánchez, chef de pastelería, todo un maestro del chocolate y la pastelería moderna.

Frente al hotel se encuentra la embajada de Francia y siguiendo por las Damas, la casa de Bastidas, otro edificio colonial del siglo XVI, construido por el sevillano Ricardo de Bastidas. El edificio cuenta con 3.000 m cuadrados de superficie, y consta de un patio central con una vegetación bien cuidada y rodeado de galerías, actualmente es el “Museo infantil trampolín”; un proyecto impulsado por la ex primera dama la Señora Rosa Gómez de Mejía, un espacio pensado en la transmisión del conocimiento a los más pequeños. Junto a él, la puerta de Carlos III, una de las más antiguas de la ciudad, con acceso a la fortaleza Ozama y su torre del homenaje. Esta fortificación también fue la primera construida en América en el año 1503 por el gobernador Nicolás de Ovando. En su interior una estatua de bronce recuerda a D. Gonzalo Fernández, autor de la primera historia de las américas.
Mereció la pena terminar mi recorrido por la ciudad colonial subiendo hasta la torre de Ozama, por una escalera de caracol de 18 m para ver una bella panorámica de la ciudad especialmente la desembocadura del río Ozama.

En el vuelo desde Madrid a Santo Domingo, conocí a una galerista mexicana que había expuesto en ARCO y que me sugirió no abandonar la ciudad colonial sin descubrir el arte dominicano en alguna de las galerías que hay en la zona, como por ejemplo “Abad Gallery”, “Sangiovanni” o “Arte Berri” entre otras muchas de gran interés. La escultura y la pintura dominicana empiezan, por fin, a despegar en el mundo del arte a nivel internacional.

Autor: José M Vallejo Herrera

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