Un joven ruso decidió pasar el aislamiento en Tailandia ayudando a un monje a construir casas de barro

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Nikita Proshin tenía un objetivo a principios de 2020: pasar todo el año viajando. Pero la pandemia del coronavirus amenazó con arruinar sus planes, pero él decidió que continuaría viajando.

Mientras que la mayoría de los viajeros empacaron sus maletas y regresaron a casa, Nikita decidió continuar su viaje, incluso si eso significaba quedarse en un nuevo destino durante meses.

Nikita se estableció en Tailandia, y recientemente se mudó a la casa de un monje para ayudarlo a construir casas.

El joven de 25 años es de Omsk, Rusia, y viajó a China hace cinco años. Allí descubrió su pasión por viajar.

Terminó viviendo en China durante cuatro años y después volvió a su casa. Hasta que en Año Nuevo decidió que todo el 2020 lo usaría para viajar por Asia y Europa.

Ya cuando estaba en la ‘ruta’, las noticias sobre el coronavirus llegaron y las fronteras de todos los países alrededor del mundo comenzaron a cerrarse. En ese momento él se encontraba en China y decidió que no volvería a casa, así que rápidamente tenía que elegir en donde se quedaría por un largo periodo.

En un primer momento, intentó ingresar a Vietnam, pero no lo dejaron por venir de China. Así que se fue a Tailandia, donde al principio se dedicó a viajar, hasta que la pandemia lo dejó, y después se instaló en un albergue en Chiang Mai.

Después de un tiempo, Nikita se empezó a quedar sin dinero, así que él junto con un grupo de amigos, decidieron ir a las afueras de la ciudad en donde habían escuchado que había un programa de intercambio con un monje budista local.

Actualmente, hay alrededor de 10 viajeros que viven con la familia del monje. Pongmia, el monje, ofrece la oportunidad de aprender sobre la cultura de una región a través de la experiencia. A cambio de una habitación y comida, el viajero ofrecerá trabajo. En este caso, Proshin y sus amigos construirían casas.

Cada día comienza antes del amanecer. Con un gráfico rotativo de tareas, Proshin prepara el desayuno varias veces a la semana con la madre del monje.

Aunque no hablan el mismo idioma, todos logran entenderse.

Después del desayuno, Proshin pasa la mañana explorando la tierra local y trabajando en proyectos, como la edición de videos. Mientras que por la tarde, él comenzará a construir. Desde el final de la tarde hasta el atardecer, los viajeros trabajan en las casas de barro.

La estructura de ladrillo ya estaba construida cuando Proshin llegó, y actualmente está trabajando para enlucir la estructura en un lodo. Se construirán algunas casas más en el área. Y, según lo que ha podido entender, cuando la terminen, en aproximadamente seis meses, serán una una escuela quiropráctica y un retiro de meditación.

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Río de Janeiro
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