Una equilibrista atravesó 400 metros sobre un cable de acero, a 80 metros de altura y sin arnés de seguridad, para unir las dos enormes colinas artificiales de Loos-en-Gohelle, en el norte de Francia.
La protagonista fue la artista Tatiana-Mosio Bongonga, integrante de la compañía de artes Cie Basinga, que realizó la travesía frente a más de 9.000 personas reunidas al pie de los terriles mineros.
El desafío tuvo lugar durante las Jornadas del Patrimonio, una celebración que cada año permite descubrir distintos sitios históricos y culturales de Francia. En esta ocasión, las antiguas escombreras de carbón se transformaron en el escenario de una de las actuaciones más llamativas del evento.

Bongonga avanzó lentamente sobre el cable tendido entre las dos cimas, utilizando únicamente su entrenamiento y su equilibrio para completar el recorrido. En distintos momentos, además, realizó figuras acrobáticas suspendida a decenas de metros del suelo, mientras el público observaba desde abajo.
La escena estuvo acompañada por músicos y un coro que interpretaron “Les Corons”, una canción de Pierre Bachelet considerada un símbolo de la identidad minera del norte de Francia.
Dos montañas artificiales creadas por la minería
Los terriles de la Base 11/19, en Loos-en-Gohelle, no son formaciones naturales. Son enormes acumulaciones de residuos generados durante décadas de explotación de carbón.
Las dos colinas alcanzan aproximadamente 186 y 182 metros de altura, lo que las convierte en las escombreras de carbón más altas de Europa. Su origen se remonta a la actividad minera que comenzó en 1894 y continuó hasta el cierre del yacimiento en 1986.
Durante casi un siglo, toneladas de pizarra, arenisca carbonosa y otros materiales descartados durante la extracción fueron acumulándose hasta formar estas enormes estructuras que hoy dominan el paisaje.
El lugar también forma parte de la cuenca minera Nord-Pas de Calais, reconocida por la UNESCO como Patrimonio Mundial en 2012. La distinción reconoce el paisaje cultural surgido alrededor de la actividad minera y su importancia para comprender la historia industrial europea.
Entre 1940 y 1960, esta cuenca llegó a producir aproximadamente la mitad del carbón de Francia. El posterior cierre de las minas provocó una profunda transformación económica y social en las localidades de la región.
Una travesía sin arnés a 80 metros del suelo
La ausencia de un sistema de seguridad fue uno de los elementos que más llamó la atención durante la actuación.
Bongonga recorrió los 400 metros del tendido de acero mientras mantenía el equilibrio sobre el cable y utilizaba una larga vara para estabilizarse. A lo largo del trayecto se detuvo para realizar distintas maniobras y figuras antes de continuar hacia la segunda cima.
El espectáculo también requirió una importante preparación detrás de escena. Cerca de 200 voluntarios participaron durante semanas en las tareas de organización, logística y montaje necesarias para instalar el recorrido entre las dos escombreras.
Cuando finalmente alcanzó la otra colina, la artista recibió una ovación de los miles de espectadores que habían seguido la travesía desde el suelo.
De residuos mineros a atractivo turístico
La actuación no solo convirtió a las antiguas escombreras en el escenario de un espectáculo aéreo. También puso en primer plano la transformación que atravesó este paisaje después del cierre de las minas.
Durante décadas, estos montículos fueron asociados principalmente con la actividad industrial y sus residuos. Actualmente, la Base 11/19 cuenta con espacios culturales, iniciativas vinculadas al desarrollo sostenible y rutas de senderismo, y las colinas reciben visitantes durante todo el año.
En la zona comenzaron a ser conocidas como las “Pirámides del Norte”, una denominación que refleja la particular silueta que adquirieron las enormes acumulaciones de material minero.

El entorno también experimentó una recuperación ambiental. En la Base 11/19 se registraron 159 especies animales y 190 especies vegetales, una muestra de cómo el antiguo paisaje industrial fue adquiriendo nuevas funciones ecológicas y turísticas.
La travesía de Tatiana-Mosio Bongonga llevó esa transformación un paso más allá: durante unos minutos, las antiguas montañas de residuos de carbón dejaron de ser únicamente un vestigio de la industria minera y se convirtieron en el escenario de una travesía de 400 metros suspendida a 80 metros del suelo.








