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Viajamos a Italia, alquilamos un auto y la recorrimos de norte a sur en 30 días

No alcanza una vida para conocer Italia. Así empieza este post, con las palabras de un amigo, cuando le contábamos de la idea de alquilar un auto por 30 días para conocer Italia. Ya se nos acercaba la fecha del viaje y veíamos los precios de los transportes en Italia: todo se veía con precios muy pocos rebajados. Así que se nos ocurrió buscar alquiler de vehículos y reservar uno.

Nuestro barco partía de Split y arribaba en Ancona, Italia. Viajamos en tren hasta el aeropuerto de Bolonia y retiramos el auto. La sensación que tuvimos por un rato fue de: “¿Qué estamos haciendo?”. Nos dio miedo, pánico, incertidumbre. Hasta pensamos en devolver el auto, no era a lo que estábamos acostumbrados y lleva muchas responsabilidades.

Pero ya estábamos en camino y había que seguir. Lo único que teníamos claro para Italia era NO subir a ninguna autopista, los peajes te matan el bolsillo, pero con las ganas de llegar a La Spezia, seguimos camino por ruta. Paramos en una estación de servicio, que para sorpresa nuestra, a diferencia de las de Argentina, este no tenía baños ni un lugar para comer. Por la noche las estaciones están deshabitadas, así que estacionamos al lado de un camión, reclinación al máximo de los asientos, y dormimos como 7 horas, fue una buena noche de sueño!

Al despertar, hicimos pocos kilómetros y emprendimos una ruta de montaña SR62, que nos hizo cambiar drásticamente de parecer. Observábamos todo con otros ojos, compartimos mates, música, charlas, ideas, el viaje es cada momento. Paramos en un otello, a preguntar cuántos nos costaba usar el baño para ducharnos. La dueña del lugar hizo unos llamados telefónicos, y nos mandó al “otalo” de un vecino, a unos 50 metros. Felices por poder ducharnos, corrimos al baño y al salir le preguntamos cuánto eraY con una sonrisa nos contestó: “Nada! Prego!”.

La Spezia

Seguimos viaje a La Spezia, con la idea en mente de conocer Cinque Terre, unos de los destinos más turísticos de Italia. Fue un caos encontrar un lugar para estacionar gratis, pero lo logramos. Siempre conviene conocer este lugar en tren, nos salió solo 16 euros el pase y podés ir y venir las veces que quieras a los cinco pueblos. También tenés acceso gratis a los baños de las estaciones de tren e internet.

La Spezia es una ciudad de colinas y mar, con bastantes actividades. Nos dedicamos a caminar por La Spezia, para perdernos y volver a encontrarnos, hasta que se hizo de noche y el centro se volvió aún más activo. Había un festival de “Food Trucks”, música y buena vibra. Cansados y con hambre, volvimos al campamento y a… reclinar los asientos de nuevo, porción de pizza y a dormir!

Al día siguiente conocimos cinco pueblos: Riomaggiore, Manarola, Corniglia, Vernazza y Monterosso. No se pueden comparar entre sí, cada uno tiene lo suyo y son todos inmensamente hermosos, culturales, históricos e impactantes!

Florencia

Rumbo a Florencia, nos topamos y realmente fue sorpresa, con la ciudad de Pisa. Pasamos un largo rato allí y luego llegamos a Firenze. Paramos en el camping Miguelangelo y decidimos pasar dos noches allí. El camping se encontraba a 200 mts de unas de las mejores vistas de la ciudad, y a unos 2km del centro. Caminando nos topamos con el Mercado de Firenze. Allí comimos unas pastas a la bolognesa y un panini de porcheta: rico, autentico, y barato.

Después de pasar por un poquito más de dos días por Firenze, una ciudad realmente fabulosa, la dejamos atrás y volvimos a la ruta, con otro destino en mente: Perugia. En el camino decidimos pasar a conocer San Gimignano, un pueblo con una fortaleza imponente, y que te deja con la boca abierta, y el pueblo de Asís.

Roma

Seguimos viaje hasta nuestro próximo destino: Roma. Nos recibió Giacomo en su casa, una persona fabulosa, mochilero de alma y muy sabio. Caminamos por el centro de Roma, una locura de ciudad! Siempre me voy a arrepentir de no haber estudiado antes la historia de cada lugar, lo apreciaría de otra forma. Así y todo no nos dejamos de asombrar!

Visitamos el Coliseo y Yuly caminando miró hacia el piso y encontró una entrada para el Coliseo, el Foro Romano y el museo, así que solo tuvimos que comprar una. Después nos dirigimos a la “Trattoria” para darnos el gusto gastronómico de comer unos spaguettis a la Parmegiana y fue amor a primer sabor!

Nápoles

Después de unos días en Roma, partimos con la idea de llegar a Nápoles. El tránsito se volvía una locura, nos habían dicho “Si aprendes a manejar en Nápoles, aprendes a manejar en cualquier parte del mundo”, íbamos precavidos y resulto ser cierto, hay que tener muchas precauciones al manejar en Nápoles.

Lamentablemente la ciudad nos recibió con un panorama triste, el Volcán Vesubio estaba en llamas, y era una verdadera pena ver el denso humo. Apenas llegamos al hostel, dejamos el vehículo estacionado, nos tomamos un tren a 20 minutos del centro de Nápoles: una ciudad llena de cultura, de folclore, su gastronomía es única!

Probamos los postres típicos “baba”, un “sfogliatello”, un atipasto, “fritata”o la auténtica pizza margarita, creada en Nápoles. En el sur de Italia los precios bajan mucho, de pasar a pagar una porción de Pizza en La Spezia 2 euros, en Nápoles comíamos una pizza entera por 3,5 Euros.

Melfi

Teníamos ganas de conocer la famosa Costa Amalfitana, salimos en el coche a hacer ruta. Los paisajes eran únicos y el agua trasparente pero lo malo fue el caos de tránsito en esas rutas angostas. Hubiera preferido dejar el auto en alguna ciudad cercana y tomar un bus o directamente recorrerla más lento con autostop.

Con la mente puesta en Melfi, una ciudad elegida al azar en el mapa, emprendimos el viaje. Ya sin tránsito, llegamos a destino. Salimos a caminar, nos sentamos en la plaza del pueblo a tomar unos mates y observar. Éramos los únicos turistas en ese pueblo, las personas nos empezaron a saludar y se nos acercaban para aunque sea decir “Buona giornata”.

Emprendimos caminata por el casco histórico, y unos niños nos hablaban y nos guiaron hasta la catedral. Allí, un hombre nos saludó, resulta que era el dueño de un museo, así que nos invitó a su museo y nos guió hacia el castillo. Después de la pasar la tarde ahí, volvemos a la plaza ver a los ancianos jugar a las bochas y ellos nos miraban a nosotros por tomar mate. Fuimos en busca de alguna pizza, algo imposible de fallar. Caminamos al punto panorámico da la ciudad, y fue amor rectificado.

Matera

Nuestro siguiente destino fue Matera. Al comienzo, nos pareció como cualquier otra ciudad. Llegamos al hostel, salimos a caminar y de repente, en un abrir y cerrar de ojos, vimos todo color blanco tiza: una ciudad del Paleolítico con cuevas y ruinas. Algunas de ellas renovadas, fue realmente impresionante!!!

Era como estar en un sueño profundo, recordás que un par de años atrás no te imaginabas estar sentado en un paredón de cientos de años, tomando unos mates, mirando la caída del sol.

Tarento

Tarento (o Taranto) fue la próxima ciudad que elegimos, la ciudad más al sur, sin entrar en Sicilia, a orillas del mar Mediterráneo. Realmente pensamos que un mes podíamos recorrer bien Italia, y fue un gran error. Teníamos la idea de ir Sicilia y no nos alcanzó el tiempo.
Llegamos a Tarento, cruzamos un puente y observamos un fuerte, un castillo Aragonés, en donde hicimos una excursión gratuita. Duraba 2 horas y todo en Italiano! Aprendimos bastante de la construcción de ese edificio, de la inteligencia e ingeniería que posee.
Hasta acá llegó nuestro viaje a lo más al sur de Italia! Cada día aprendimos algo nuevo, momentos vividos, amigos inolvidables, apoyándonos y viviendo estas historias juntos.

Escrito por Mauro Fuenzalida

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