¿Viajas? ¡Entonces también investigas!

3 min


No como los científicos con tubos de ensayo, embudos, balones de destilación ni probetas. Tampoco corriendo el riesgo de intoxicarse o hacer explotar el laboratorio por expulsión de gases… pero pese a andar sin batas blancas ni gafas de protección, todo viajero por convicción es un investigador en potencia.

Leer sobre un nuevo destino, sus costumbres y recomendados necesita tiempo, porque pensar y planear la ruta, los precios y cómo sostenerse -si haces dinero en el viaje-, no nace de un día para otro. Requiere de una ‘investigacioncilla’ pequeña, antes. Pero luego, cuando por fin se haga real el día esperado, el ejercicio muta hacia la etnografía: detallamos, aprendemos, describimos, e incluso adoptamos algunas características de aquella visión ajena.

Sin título

No implica ponernos un penacho de plumas y danzar en bola alrededor del fuego, no. Pero sí lo básico: escuchamos muy atentamente, intentamos descifrar el porqué de las cosas -y no para reforzar imágenes preconcebidas-, tomamos muchas notas mentales, virtuales, e incluso, una que otra en físico, y regresamos o seguimos nuestro camino siendo otras personas, más completas que antes de haber tenido ese nuevo contacto.
Todo porque para algunos, viajar trasciende el hecho de tomarse ‘selfies’ en las siete maravillas del mundo, tachar infinidad de sitios de una lista de “pendientes”, y juntarse siempre con los visitantes de la misma nacionalidad, del mismo idioma, de las mismas costumbres.

Europe Roadtrip 2012

No. Para algunos, viajar es detenerse a saborear lo que hay más allá de una foto de portada en Facebook. Dedicar tiempo a conocer gente diversa, y a ser capaz de ser como un camaleón en ese entorno. Es vivir como ellos, ir adonde salen, comer lo que preparan, pensar como piensan, intentar entender algo que a primera vista nos dejó pasmados. Es evitar conformarse con la nata del chocolate caliente, para degustar todo, hasta el “cuncho” (los restos) que queda en la taza: TO-DO.

Por eso, prefiero las casas de familia a los hoteles u hostales: es más fácil sumergirse en la sociedad desde su más pequeño enjambre. En Cuba, por ejemplo, antes de que empezara la reciente apertura de Raúl Castro, me quedé en una habitación de una sencilla casa del centro habanero que, además, era más barata que un hotel.

Roadtrip 2010 325

Probé la sazón de la dueña del hogar -exquisita- pero aparte de comer lo tradicional, conté con una compañía algo especial: unos muñecos a los que llaman “santos”, que aparentan mirar mientras intentas -infructuosamente- concentrarte en los alimentos.

Lo que para mi era sinónimo de miedo o incluso brujería (claro, después de crecer viendo “chucky, el muñeco diabólico” y películas por el estilo), para sus habitantes lo era de protección. Aunque mi percepción no cambió después de percatarme de ello, me sentí orgullosa de haber aprendido otro aspecto de un país maravilloso. Sí, porque no se trata de adoptar la postura odiosa del científico que mira por encima del hombro a quienes no profesan su fe, sino de poner mucha atención, hablar de igual a igual y concentrarse en comprender.

eat bokeh.

Me acostumbré a comer pan con aguacate y tinto (café negro) de desayuno en Perú, me emborraché con el gusano del mezcal en México, me puse la ropa de mi amiga rusa en San Petersburgo para soportar el frío, y alguna que otra adaptación más pero aún quedan muchos pensamientos y tradiciones por averiguar (¡El mundo es demasiado rico en culturas!

En uno de estos viajes, y después de ver que una amiga en Río de Janeiro espantaba a la gente que se nos acercaba, concluí que tal vez se logra visitar y entender realmente un lugar hablando con sus habitantes, conociendo sus rutinas, haciendo amigos. Al fin y al cabo, viajar no es sólo moverse físicamente, sino también tener la disposición de dilatar las pupilas y dejar entrar esa avalancha de luz que llega al palpar, por primera vez, un nuevo destino.


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Paula Carrillo

Viajera desde muy niña, al poco tiempo de nacer viví en Madrid. Después de cinco años, con mis padres volvimos a Bucaramanga -mi ciudad natal, tierra de gente “malgeniada” (para los de fuera) pero sincera y “echada pa’ lante”- y en adelante, me la he pasado yendo y viniendo, saltando de ciudad en ciudad, de país en país… aunque nunca lo suficiente para quedar satisfecha. Luego de hacer unos años de colegio allí, vivimos en Girona. Regresamos y estudié la universidad en Bucara’. Hice una corta estancia de idiomas en Estados Unidos. Volví a Colombia, para trabajar en Bogotá después de graduarme pero renuncié a los dos años y me fui a Francia a estudiar de nuevo. (Esto de los viajes es una adicción: mientras más conoces, más se te abre la curiosidad!!) Ahora resido nuevamente en Bogotá, aunque intento estar siempre en movimiento. Soy arriesgada, despistada, desordenada, exmiope… y periodista. Ahhh… y tengo la capacidad de hacer y deshacer las maletas en un segundo ;)

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