Como en “El día después de mañana”: el fenómeno que monitorean en Florida y que podría alterar el clima global

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La película El día después de mañana instaló una idea inquietante: un colapso climático abrupto provocado por la interrupción de corrientes oceánicas. Aunque ese escenario extremo pertenece a la ficción, en la vida real los científicos siguen de cerca un sistema clave que podría tener impacto global: la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico (AMOC).

Uno de sus engranajes fundamentales es la Corriente de Florida, que fluye entre la península de Florida y las Bahamas. Se trata de una de las corrientes más rápidas del planeta y es el punto de partida de la famosa Corriente del Golfo, responsable de transportar enormes cantidades de calor hacia el Atlántico Norte y Europa.

Una “cinta transportadora” que regula el clima

El AMOC funciona como una gigantesca cinta transportadora oceánica. Lleva agua cálida desde el ecuador hacia el norte. Al acercarse al Ártico, el agua se enfría, se vuelve más densa y se hunde, iniciando su regreso hacia latitudes más bajas, donde vuelve a calentarse.

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Este mecanismo ayuda a moderar temperaturas en gran parte del hemisferio norte. Sin él, los patrones climáticos cambiarían de forma significativa.

Investigaciones encabezadas por científicos vinculados a la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) monitorean desde hace más de cuatro décadas la intensidad de la Corriente de Florida para detectar posibles variaciones sostenidas.

¿Existe riesgo real de colapso?

A diferencia del guion cinematográfico, los estudios descartan un colapso repentino en cuestión de días. Sin embargo, sí advierten que un debilitamiento gradual podría tener consecuencias importantes en temperaturas, precipitaciones y sistemas meteorológicos.

Uno de los factores bajo análisis es el derretimiento del hielo ártico, que libera grandes volúmenes de agua dulce en el Atlántico Norte. Esto reduce la salinidad y la densidad del agua, dificultando su hundimiento y debilitando el ciclo completo.

Aun así, las mediciones más recientes —incluyendo análisis corregidos en 2024 tras detectar variaciones asociadas al campo magnético terrestre— indican que la intensidad de la corriente se ha mantenido relativamente estable durante unos 40 años.

Los científicos advierten que los registros aún son limitados y que se necesitarán al menos dos décadas más de observación para determinar si las pequeñas variaciones detectadas responden a una tendencia sostenida o a la variabilidad natural del sistema.

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El monitoreo incluye cables submarinos en el Estrecho de Florida, sensores CTD (conductividad, temperatura y profundidad), barómetros acústicos instalados en el fondo marino y campañas oceanográficas periódicas realizadas también por la Universidad de Miami.

Aunque hoy no hay señales de un colapso inminente, la estabilidad actual no garantiza el futuro. En un contexto de calentamiento global acelerado, la “cinta transportadora” del Atlántico sigue bajo vigilancia constante.

La diferencia con la película es clara: no se espera una nueva era glacial en días. Pero los cambios, si llegan, podrían sentirse durante generaciones.

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