La historia de Punch, el pequeño macaco japonés que conmovió a miles de personas por aferrarse a un peluche tras ser abandonado por su madre, suma ahora un nuevo y esperanzador capítulo: ya comenzó a integrarse en su manada.
El cachorro, nacido el 26 de julio de 2025 y rechazado poco después del parto, fue criado a biberón por los cuidadores del zoológico, que intentaron suplir la ausencia materna con objetos blandos y muñecos. Fue él mismo quien eligió como compañero inseparable un peluche con forma de orangután de IKEA, que se convirtió en su “madre sustituta” y refugio emocional.
Un abrazo que marca un antes y un después
Tras semanas de aislamiento y rechazo por parte de otros macacos, Punch fue aceptado en un nuevo grupo. Un video reciente muestra a la primate Onsing estrechándolo en un abrazo, un gesto simple pero cargado de significado: es la primera señal clara de aceptación social.
El pequeño también comenzó a participar en el “mutual grooming”, el ritual de acicalamiento recíproco típico de los primates. Más que una cuestión de higiene, este comportamiento es clave en la vida social de los macacos: fortalece vínculos, consolida jerarquías y crea lazos de confianza dentro del grupo.
2/22(日)のサル山の様子
— 市川市動植物園(公式) (@ichikawa_zoo) February 22, 2026
飼育員「皆さんのマナーのおかげで、静かな感じで特にケンカ等はありませんでした。パンチは17頃、2頭のサルに念入りに毛づくろいされるなど、群れに着実になじんできています」#市川市動植物園#がんばれパンチ pic.twitter.com/EyjV0rpvPv
De la soledad a la resiliencia
Cuando nació, Punch pesaba apenas 500 gramos. Fue mantenido en un ambiente cálido, vigilado día y noche y alimentado con leche artificial. Dormía abrazado a su peluche, especialmente tras el 19 de enero, cuando fue reintroducido en la comunidad y todavía encontraba distancia entre sus pares.
Hoy, sin embargo, juega con otros cachorros, explora su entorno y, por momentos, incluso se olvida de su inseparable compañero de tela. Aunque vivirá siempre en un zoológico, los especialistas confían en que esta integración temprana le permitirá desarrollar habilidades sociales esenciales.
Su historia se viralizó gracias a un visitante que compartió imágenes del pequeño aferrado al muñeco. Desde entonces, Punch se transformó en símbolo de ternura y resiliencia, recordando que, incluso en el mundo animal, los vínculos y el afecto pueden marcar la diferencia.







